¿Cuáles son tus “fotos de éxito”?

28184Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

Los grandes logros de los seres humanos comienzan como simples sueños.  Algunos sueños se convierten en proyectos, y algunos proyectos en realidades.  Todo resultado valioso – material o inmaterial – debió primero ser imaginado por alguien.

En efecto, el poder de estas visualizaciones – imágenes de éxito, si se quiere – es innegable. De hecho, podría afirmarse que nuestros sueños nos definen.  De ahí que sean tan importantes para nuestra realización personal y comunitaria.

Y de ahí que se conviertan en materia principal para la cultura financiera.

Uno de los primeros efectos que trae la incorporación de la cultura financiera a nuestra vida es, precisamente, una racionalización de nuestras aspiraciones, pues mejora nuestra comprensión de la naturaleza del bienestar y dejamos de tomar decisiones de consumo, inversión o compra basados únicamente en el ingreso.

Cuando nuestras apetencias no emanan de esta comprensión, tenderán a tener el tamaño de, por lo menos, la totalidad de nuestro ingreso.  Incluso, si Dios no mete su mano, tendrán el tamaño de la suma de nuestro ingreso más nuestra capacidad de crédito.  Y cuando esto sucede, ya lo sabemos, es casi imposible sostener el bienestar.

Igualmente importante es que separemos lo extraordinario de lo ordinario en nuestro estándar de consumo, siempre partiendo de la sana expectativa de que el bienestar sucede con la cobertura de las necesidades básicas de nuestra comunidad.  Cuando lo extraordinario y lo ordinario se mezclan, tenderemos a aspirar más de lo que podemos sostener.

 

Cuida lo que deseas

Saber qué aspirar es el comienzo del desarrollo.  La educación de nuestros quereres – en cualidad, cantidad y oportunidad – es fundamental para que nuestras decisiones funcionen a favor – y nunca en contra – del bienestar, tanto individual como colectivo. Cuidar nuestras “fotos de éxito” es, en efecto, la única manera de que nuestros anhelos de abundancia no se conviertan en la grasa que cocina nuestro bienestar.

 

¿Cómo sacarle el jugo a las ofertas?

122431215Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.    

El bombardeo de ofertas es incesante.  Los comerciantes de bienes y servicios utilizan todos los medios a su disposición para transmitirnos – a golpe de oportunidades – la urgencia de comprar más y comprar ahora.

¿Cómo aprovechar al máximo estas oportunidades?  ¿Cómo hacerlas funcionar a favor nuestro?

La primera clave es diferenciar las ofertas sobre bienes y servicios de consumo ordinario de aquellas que corresponden a decisiones extraordinarias de consumo o adquisición.

En el primer caso – las ofertas sobre aquellos ítems que consumiremos sí o sí, como alimentos, artículos de limpieza y cuidado personal, servicios de telecomunicaciones, etc. – bastará con incorporar las ofertas a nuestra rutina de consumo.  Con dos palabras de alerta, eso sí: por un lado, la tarea implica disponernos a una gestión activa de nuestro movimiento ordinario.  Y, por otro lado, el sentido común debe estar presente para evitar que compremos más de lo que necesitamos sólo porque está en oferta.

Si se trata de un consumo extraordinario o una adquisición – ropa, electrodomésticos, vacaciones, vehículos – el quid está en asegurarnos de que la decisión de compra no atropella nuestros objetivos, sino que los hace más eficientes.  Las siguientes preguntas pueden ayudarnos: ¿Es este momento el apropiado para esta adquisición?  ¿Dispongo de liquidez para aprovecharla o estoy alejándome de mi estrategia con tal de aprovechar la oferta?

Además, un recordatorio importante: en general, construir y mantener un fondo para contingencias viene antes de cualquier consumo extraordinario.  Aunque esté en oferta.

¿Ahorraste? Retén lo ahorrado

El propósito de aprovechar una oferta es ahorrar.  No consumir más.  Si, frente a un consumo programado, logramos un ahorro medible, lo inteligente es retener el efectivo ahorrado y sumarlo a la “ganancia objetivo” del periodo, que no es otra cosa que la meta de ahorro de un periodo determinado.  Haciendo esto, aseguras que lo que le “ganas” a la oferta alimenta tus objetivos.

Banreservas lanza el programa Preserva de rescate crediticio y educación financiera

Foto 1A webEl administrador general del Banco de Reservas, Enrique Ramírez Paniagua, anunció la creación del programa Preserva, destinado al rescate crediticio, reinserción y bancarización de ciudadanos que por diversas circunstancias han sido excluidos del acceso a productos y servicios bancarios.

“Para este sector no bancarizado hemos dispuesto la aplicación de dos soluciones: la creación de una Escuela Financiera, sustentada en la educación para el buen uso de los recursos; y un plan de reinserción que incluye productos de ahorro y crédito, adaptados a cada necesidad individual”, explicó.
Ramírez Paniagua hizo el anuncio durante una ceremonia en el hotel El Embajador, al presentar a empresarios de diversos sectores y líderes de opinión los cambios introducidos en el Banco, que incluyen la optimización de los recursos humanos,  la transformación de la plataforma tecnológica y una mejor accesibilidad a los productos.
Explicó que esas transformaciones tienen el objetivo de convertir a Banreservas en un banco más competitivo, para satisfacer de manera más eficiente las necesidades de los clientes.
Ese proceso –sostuvo- es parte de una concepción coherente con la visión de Estado que promueve el presidente Danilo Medina. Añadió que como resultado de esa gestión integral, Banreservas ha alcanzado niveles de desempeño sin precedentes, “lo que ha tenido un efecto muy favorable en la valoración de nuestra imagen institucional y en nuestro posicionamiento en el sistema bancario dominicano”.
Dijo que consciente de su compromiso con el desarrollo económico y social del país, la institución creó Preserva, que es un programa de educación financiera y de recuperación de la capacidad crediticia, que ofrece una vía ágil y efectiva para buscar soluciones financieras a los dominicanos excluidos de banca.
Bancarización responsable
A esas personas “las apoyaremos y las acompañaremos a dar los primeros pasos hacia el rescate, inserción, bancarización responsable y la adecuada orientación para prevenir los errores del pasado”, subrayó el administrador de Banreservas.
Indicó que esa tarea “involucra una intensa labor de concienciación y educación financiera y un contacto directo con todos nuestros conciudadanos, sin importar si se encuentran registrados en nuestra cartera de clientes, si lo fueron en el pasado o si nunca lo han sido”.
Consideró como significativo el hecho de que más del 54% de los dominicanos no están bancarizados, según la firma española Tecnocom; mientras que de los bancarizados un gran porcentaje tiene un score (historial) crediticio con un puntaje menor al establecido por las instituciones financiera para concederles productos crediticios.
Dijo que por esa razón, la gran meta de la educación financiera emprendida por Banreservas es que la gente común alcance una mayor comprensión y un dominio de los asuntos financieros básicos, de manera que puedan actuar correctamente en lo concerniente a su economía personal y doméstica.
Asesoría para cada caso
Ramírez Paniagua explicó que la institución ofrecerá asesoría individualizada en cada caso, para lo cual “dispone de un personal especialmente adiestrado en la aplicación del programa de educación financiera, que funcionará en locales denominados Centros de Atenciones Móviles.
Dijo que con el programa Preserva, Banreservas va más allá del simple rescate de los clientes mediante el otorgamiento de créditos, como tradicionalmente se ofrece en la mayoría de los casos, dejando de lado la necesaria formación dirigida al cambio de mentalidad del cliente.
Explicó que también se habilitarán productos y créditos que el beneficiario deberá asumir de modo responsable, garantizando una conducta crediticia correcta.
Añadió que la experiencia formativa comenzó con los propios empleados del Banco, 733 de los cuales habían participado, al 19 de julio, en charlas de educación financiera, además de que fueron formados 30 facilitadores certificados y 34 gestores de Preserva.
Anunció que para los clientes el programa se iniciará en las oficinas, a través de líneas especializadas, a las que pueden acudir para tratar cada caso particular.
Ramírez Paniagua afirmó que este nuevo servicio permitirá a miles de personas corregir sus prácticas inadecuadas, con lo cual podrán tener una segunda oportunidad y mirar hacia el futuro con esperanza.

No hay atajos para lograr la higiene financiera

building-wealthCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

 

Para muchos de nosotros, la sensibilización respecto de nuestra situación financiera – esto es, abrir los ojos, quizá por primera vez, a esta realidad – llega acompañada de una conclusión: la urgente necesidad de cambiar de ciclo y de higienizar nuestras finanzas.

Si bien este sentido de urgencia es un buen síntoma de “despertar financiero”, es importante que nuestras expectativas acerca de lo que implica este proceso estén claras, de forma que podamos sostener los esfuerzos hasta alcanzar la meta.

Lo primero que debemos aceptar es que, en general, no existen atajos para lograr la higienización financiera.  Es cierto que el grado de contaminación que arrastramos como consecuencia de ciclos financieros anteriores determinará la intensidad de los ajustes que debemos realizar.  Sin embargo, independientemente de ello, el cambio de ciclo entrañará entregar decisiones y paciencia.

Las decisiones que pueden plantearse durante la higienización van desde la eliminación de algunos hábitos de consumo – y la incorporación de otros – hasta el “desmonte” de compromisos financieros asociados a activos no productivos que atropellan nuestra liquidez y, por tanto, nuestro bienestar.  En cualquier caso, se tratará de decisiones apoyadas en porqués claros y coherentes con nuestros objetivos de vida.

La paciencia y la constancia también serán muy necesarias.  No es realista esperar desmontar en pocas semanas una situación que, probablemente, se incubó durante años.

Ciertamente, cambiar de ciclo financiero requiere compromiso y disciplina.  El premio, no obstante, vale la pena: el bienestar sostenible de nuestra comunidad.

¿Solución rápida?

Eventos que no forman parte de nuestra realidad ordinaria – como una inyección extraordinaria de liquidez, o una consolidación de deudas – pueden facilitar una reestructuración financiera.  Sin embargo, el tránsito hacia un nuevo ciclo financiero sólo sucederá si atendemos las causas que provocaron la situación actual.  Pretender que la higienización llegará sin mirar de frente todos los aspectos de nuestra realidad es, sencillamente, un espejismo.

¿Cómo construir los objetivos financieros?

finanzas_pareja_erroresCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

Sí, los objetivos financieros se construyen.  No surgen del vacío ni son iguales para todo el mundo.  Para empezar, los objetivos financieros deben ser coherentes con los objetivos de vida: mientras más claros estemos en lo existencial más fácil nos resultará definir lo financiero.

Por otro lado, al construir los objetivos financieros deben tomarse en cuenta tres riesgos fundamentales: el riesgo salud, el riesgo operativo – esto es, qué tan confiable o estable es nuestra actividad generadora de ingresos – y el riesgo de flujo de caja – es decir, las fluctuaciones que puedan tener en el tiempo nuestros ingresos y nuestros gastos.

Partiendo de estas premisas básicas – objetivos de vida claros y riesgos a cubrir – la variable más importante para la construcción de los objetivos financieros es el excedente entre nuestro ingreso activo y nuestro costo básico, y el uso u “ocupación” que le damos a ese excedente.

De esta forma, si este excedente está copado por compromisos tales como cuotas de préstamos, atención de resacas financieras o consumos incidentales, probablemente nuestros objetivos deban girar en torno a higienizar nuestro movimiento financiero.

Si, en cambio, nuestra situación es tal que el excedente entre el ingreso activo y el costo básico está disponible – o que ya lo hayamos “liberado” durante el proceso de higienización – entonces podemos enfocar nuestros esfuerzos hacia el ahorro, con el fin de construir un capital líquido y, posteriormente, hacia la inversión para hacer crecer – o preservar – el capital construido.

Vivir despiertos

Saber cuánto costamos y cuánto de nuestro ingreso activo podemos tener disponible para construir riqueza constituye una de las claves de la cultura financiera.  Esta conciencia nos permitirá seguir “costando lo mismo o casi lo mismo” aun cuando nuestros ingresos vayan incrementándose con el paso del tiempo.  Sin esta sensibilidad, nuestros egresos siempre terminarán “alcanzando” nuestros ingresos, despojándonos de la oportunidad de crear riqueza.

 

El consumo colaborativo hace temblar a la economía tradicional

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Fuente: Eldiario.es

Aprovechar una plaza libre en un viaje o alquilar una habitación que se queda vacía durante un tiempo, solo con un clic -o dos-. Si hace unos años únicamente era posible si uno se encontraba con un anuncio por palabras o gracias al boca a boca entre amigos, ahora la tecnología ayuda al nacimiento de un boom de aplicaciones y plataformas que ponen en contacto a vendedores y compradores a través de Internet o aplicaciones de móvil. El ahorro económico -en un momento de crisis profunda- combinado con un enfoque social y ecológico han permitido que plataformas como Airbnb, Uber o Blablacar se conviertan en una alternativa que pisa cada vez con más fuerza. Frente a este auge, algunas patronales y empresas tradicionales se cuestionan la legalidad del negocio de estas plataformas que no tienen regulación y las acusan de competencia desleal.

“El problema real es que todo esto nace y crece mucho más rápido de que lo podamos prever, parar o legislar como a muchos les gustaría. Para cuando algo consiga estar al gusto de todos nacerá otra plataforma capaz de saltárselo, y es que el problema de fondo es que la “inteligencia social” que nace de la capacidad de interacción rápida y eficiente entre individuos es más rápida que las propias instituciones”, explica el economista, Miguel Puente. Una opinión con la que coincide Albert Cañigueral. “Son innovaciones de base tecnológica que van a tal velocidad que deja la regulación atrás. La mayoría de actores hablan de que una regulación es necesaria”, añade este experto en consumo colaborativo.

“Se ha producido una explosión espectacular”, explica Cañigueral al hablar sobre este crecimiento de una economía que rompe con algunos intermediarios tradicionales. Este ingeniero de televisión decidió crear en 2011 la web consumocolaborativo.com -un portal donde se recogen las diferentes plataformas que posibilitan este contacto entre particulares- y a la que ahora se dedica a tiempo completo. “Varios expertos hablan ya de una transición desde la niñez del consumo colaborativo hacia la madurez”, señala y apunta que todavía faltan datos para poder medir el impacto económico y social de este sector. “Estamos intentando generar estudios independientes para medir el impacto”, apunta.

Este portal reúne en su directorio la posibilidad de transaccionar servicios muy variados. Desde compartir bici o plaza de aparcamientos, a puntos de encuentro de compra venta de entradas entre particulares, ropa, bancos de tiempo, micromecenazgo, coworking, compartir wifi o cuidado de mascotas. Prácticamente cualquier necesidad se puede cubrir de forma colaborativa y sobre todo, sin intermediarios. Menos costes y mayor rapidez. Una economía con menos peldaños.

 

Los datos sobre el tema señalan un fuerte incremento tanto de usuarios, como de negocio generado. La revista Forbes estimó el año pasado que los ingresos que se trasladan directamente desde la economía entre pares al bolsillo de quienes la practican superaron los 3.500 millones de dólares -2.500 millones de euros- a nivel global y lo que quizá sea más llamativo es que esta cifra representó un aumento del 25% frente al año anterior. En España, un 76% de los españoles ha alquilado o compartido un bien en algún momento de su vida, según una encuesta de la compañía de carsharing Avancar. Un porcentaje que se eleva hasta el 81% cuando se centra en la franja de edad entre los 35 y los 44 años.

De vacaciones, en casa de otro

“Uso Airbnb porque en general sale más económico, hay bastante oferta y te ofrecen garantías”, explica Irene, una treinteañera afincada en Barcelona que ha alquilado apartamentos a través de este sistema en lugares tan diferentes como Budapest o Menorca. Esta web de alquiler de viviendas entre particulares nació en 2008 y seis años después el fondo de inversión TPG -que entró recientemente en su accionariado- la valora en 7.200 millones de euros. El crecimiento exponencial de Airbnb es quizá el ejemplo más claro de cómo este consumo colaborativo se ha desarrollado en los últimos años.

Airbnb nació fruto de una doble necesidad. Por un lado, sus fundadores querían incrementar sus ingresos alquilando parte de su vivienda en San Francisco y por otro, una conferencia en la ciudad había hecho que todos los alojamientos colgaran el cartel de completo. Así, surgió esta plataforma que un año después de su nacimiento gestionó 100.000 reservas y en 2011 pasó a tramitar más de dos millones, tras haberse internacionalizado. En 2013, la compañía ingresó 250 millones de dólares gracias a las tarifas que cobra por hacer de intermediario entre inquilino y casero, lo que supuso duplicar los ingresos del año anterior.

Junto con la expansión de Airbnb han llegado los problemas legales. En Nueva York, la empresa terminó por llegar a un acuerdo para ceder los datos fiscales de sus arrendadores, aunque sin nombres, después de varias semanas de tiras y aflojas con la Fiscalía que lleva a cabo una investigación para controlar el alquiler ilegal en la ciudad. Incluso en su ciudad de origen, San Francisco, se están planteando un aumento de la normativa. En España, la polémica también ha llegado y las asociaciones empresariales exigen regulación de lo que consideran “alojamientos ilegales”. Frente a esto, la empresa se defiende. “Airbnb gestiona todos los pagos a través de transferencias bancarias de tal manera que todas las transacciones quedan registradas. Por eso, más que un problema nos consideramos una solución”, apuntó hace unas semanas Jeroen Merchiers, director general de Airbnb España y Portugal.

Por lo pronto, en Francia ya ha habido una primera sentencia que pone en alerta en modelo. Un casero, de los de toda la vida, ha demandado a su inquilino por haber subarrendado a su vez las habitaciones en la popular página. El juez le ha dado la razón en que había utilizado la vivienda para lucrarse (algo que habitualmente está prohibido en los arrendamientos de vivienda entre particulares) y le ha condenado a pagar 2.000 euros al propietario. Airbnb no se responsabiliza de la legalidad de los pisos que se promocionan en su web.

¿Competencia desleal?

La última batalla legal se ha librado en el transporte. Tras la reciente llegada de Uber, una aplicación con inversores como Google que pone en contacto a conductores con viajeros y que se autodefine como la “mejor alternativa al taxi”, el Sindicato de Taxistas en Cataluña (STAC) ha pedido su retirada. Consideran que son “taxis ilegales” y que suponen un riesgo para los usuarios. La patronal del taxi de Londres ha pedido esta misma semana a un juez que paralice la legalidad de la apps y en Bélgica ya se multa a los conductores que recojan en un aeropuerto a pasajeros sin tener licencia de taxi como contestación al fenómeno.

No es el único enfrentamiento en este terreno, la patronal de autobuses Fenebus pidió el cierre deBlablacar, una plataforma de origen francés que pone en contacto a conductor y viajeros para compartir los gastos del coche. Una denuncia que aseguran que solo han recibido en España a pesar de operar en doce países, explicó Vicent Rosso country manager de España y Portugal en una entrevista. Respecto a la legislación, se mostró de acuerdo en que es necesaria una normativa para regular el sector y puso como ejemplo el caso de Francia donde la regulación entiende que no existe competencia desleal porque los usuarios no ganan dinero, sino que solo comparten gastos.

Frente a estas demandas, la Comisión Europea (CE) se mostró esta pasada semana contraria a prohibir los servicios de transporte en vehículos compartidos por particulares como Uber y BlaBlaCar, en plena polémica por la competencia desleal que las asociaciones de taxistas aseguran que representan para su gremio.”Nadie dice que los conductores de Uber no deban pagar impuestos, respetar las normas y proteger a los consumidores. Pero prohibir Uber no les da la oportunidad de hacer las cosas bien”, señaló el portavoz comunitario de agenda digital, Ryan Heath, a la agencia Efe.

Mientras se debate sobre cómo debe regularse, cada vez hay más usuarios que las utilizan. “Desde la primera vez, en verano de 2013, he hecho unos 10 viajes a través de BlaBlaCar. Me parece una forma más rápida y económica de viajar que el tradicional bus y un buen sistema para aprovechar los huecos libres que se le quedan a muchas personas en sus viajes”, explica Santi, un joven de 27 años residente en Madrid. Si repite es porque la experiencia es positiva. “La gente suele ser bastante responsable y cumple las normas básicas. Además, suele haber predisposición a tener conversaciones agradables y hablar de cosas en común, aunque los perfiles sean distintos”, añade.

No solo el componente económico pesa a la hora de tomar la decisión. “En el consumo entre pares, el componente social engancha a la gente. Es una manera de consumir más humana y apetecible. A esto se unen ventajas medioambientales como, por ejemplo, en el caso de Blablacar donde se emite menos C02 al compartir vehículo o en las compras de segunda manos porque se fabrican menos productos”, explica Cañaguel. “Una cosa no toma tanta escala, si no va bien”, concluye.

Link Articulo http://www.eldiario.es/economia/consumo-colaborativo-temblar-economia-tradicional_0_265624060.html

El consumo colaborativo: el retorno a la sostenibilidad

Mundo-2Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

Por demasiado tiempo, prosperidad ha sido sinónimo de híper-consumo.  Desde mediados del siglo XX, un mal comprendido concepto de abundancia llevó a las sociedades industrializadas – y tras ellas, al resto de las sociedades del mundo – a basar el bienestar individual en la posesión y acumulación sin límite de cosas.

Más aún, las economías nacionales se hicieron dependientes de esta inclinación al híper-consumo: para que la economía “marche bien” se espera que compremos tantos vehículos, electrodomésticos, artículos de vestir e implementos tecnológicos como podamos, independientemente de si los necesitamos o no; y de si los podemos usar sin que tengamos que adquirirlos.  Esta noción – implícita en nuestras mentes – ha provocado que terminemos rodeados, literalmente, de miles de objetos que no usamos o usamos muy poco.

A estas alturas, queda claro que tal ritmo de consumo, ya sea a escala individual, nacional o planetaria, sencillamente no es sostenible.  El consumo colaborativo surge, precisamente, como una respuesta a esta problemática, rescatando algunas conductas tradicionales y potenciándolas a través de las nuevas tecnologías y de la conectividad inteligente que estas generan.

Esta modalidad de consumo permite compartir, intercambiar, prestar, alquilar y hasta regalar de manera sistemática y organizada.  Basta con que dos o más individuos descubran su afinidad a través de grupos naturales o de comunidades virtuales y que se dispongan a aprovecharla.

El potencial es enorme.  Transporte, educación, entretenimiento, viajes de vacaciones y hasta financiamientos e inversiones caben en el esquema.  Y funciona.

 

¿Quién no se ha puesto un pancho?

El consumo colaborativo retoma tradiciones – como el traspaso de ropa, juguetes y libros entre miembros de la familia ampliada – y las articula a conciencia, generando ahorros apreciables y reduciendo el impacto ambiental.  Las aplicaciones van desde trayectos compartidos en automóvil – el carpooling – hasta modalidades de propiedad compartida de inmuebles turísticos.  Con disposición y algo de imaginación, en el consumo colaborativo cabe prácticamente de todo.

En la ruta hacia el bienestar, el ingreso es la mitad

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Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

En sociedades monetizadas, es un hecho que el ingreso es una condición necesaria para el sostenimiento del bienestar.  Sin embargo, también es un hecho que el acceso al ingreso no constituye una condición suficiente para garantizar este objetivo.

La inhabilidad para hacer esta distinción – que está, admitámoslo, generalizada – es una de las más poderosas causas generadoras de pobreza que existe.

En efecto, andamos por la vida como si ingreso y bienestar fueran sinónimos; como si bastara acceder al primero para que el segundo se materialice de forma espontánea y permanente.

Y no, no es así.  De hecho, pocas cosas hay menos espontáneas que el bienestar; y pocas tareas requieren de más disciplina que sostenerlo, aun cuando dispongamos de ingresos – en apariencia suficientes – para ello.

Y hay más.  El ingreso – no importa cuánto sea – debe siempre ser tratado como si fuera escaso – esto es, dirigiendo cada peso adonde debe ir, cuando debe ir – de forma que tenga oportunidad de convertirse en riqueza.  De lo contrario, el bienestar siempre será vulnerable, y se verá seriamente amenazado por cualquier fluctuación del ingreso o del gasto.  Y – créanos, amigo lector – es seguro que en la vida estas fluctuaciones sucederán.

Comprender esto no es fácil, especialmente cuando contamos con ingresos cómodos, pues – ya se sabe – el ingreso tiene un efecto narcótico y amnésico.

La realidad es que, para sostener el bienestar, generar ingresos es la mitad del trabajo.  Gestionarlos con sabiduría es la otra mitad.

¿Tienes ingreso?

Cuídalo.  Dale la oportunidad de que se convierta en riqueza.  ¿Cómo? 1. Identifica tu costo básico y sepáralo de todos los demás consumos. Esto te permitirá conocer cuál es tu excedente. 2. Construye una reserva de efectivo que sea un múltiplo de tu costo básico. 3. Condiciona cualquier decisión extraordinaria a la integridad de esa reserva y a la atención de tus riesgos inmediatos.

No sólo de dinero vive el hombre

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Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

 

En diciembre 2013, el mundo fue testigo, en ascuas, de cómo el irracional tranque en el Congreso de los Estados Unidos colocó al gobierno de ese país al borde de la cesación de pagos de su deuda.  Apenas dos horas antes del plazo fatal, se cristalizó un precario acuerdo, que evitó – de momento – una catástrofe monetaria y financiera global.

Visto el caso de que es la segunda vez en dos años que – por causas puramente politiqueras – ocurre este atasco, y que no parece haber límites para la estulticia de determinados grupos de poder, hay que esperar que un episodio de esta naturaleza pueda repetirse.

La ocasión es propicia, por tanto, para reconciliarnos con la noción del dinero como convención de valor que funciona como unidad de cuenta y facilita el intercambio, y distanciarnos del concepto dinero como fuente y fin de todo bienestar.

En efecto, hemos llegado a “monetizar” el bienestar, al extremo de que – en nuestras mentes – éste sólo es posible a partir la disponibilidad de dinero.

Desmonetizar el bienestar consiste en valorar el objetivo de vida antes que el dinero.  No se trata de satanizar al dinero, sino de verlo como una herramienta – no la única – que, bien utilizada, puede favorecer la consecución de determinados objetivos de vida.

Al asumir esta perspectiva, podemos ver la caja de herramientas completa.  Y todos los recursos – tiempo, creatividad, sentido de comunidad y, ahora sí, dinero – pueden alinearse al servicio del objetivo.

 

Un ejemplo

Supongamos que dispongo de tiempo libre.  Si “monetizo” el ocio – y, en la coyuntura actual – no dispongo de dinero, probablemente éste no sucederá.  Adiós viaje a la playa.  Si, en cambio, parto del objetivo – disfrutar del tiempo libre – y lo separo del recurso “dinero”, estaré más abierto a opciones de ocio, y seré más creativo, independientemente de si tengo dinero o no lo tengo.

 

¿Eres generador de déficits?

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.140402202

Sólo cuando gastamos menos de lo que ingresamos somos capaces de sostener nuestro bienestar.  Esta verdad – de Perogrullo sólo en apariencia – es ignorada olímpicamente por todos aquellos de nosotros que vivimos “en automático”; esto es, apostando a que la combinación de ingreso y crédito será suficiente para cubrir los compromisos y costos que vamos generando.

Vale decir que vivir “en automático” es un mal bastante común en nuestros días.  Implica mirar la realidad de nuestro movimiento financiero de soslayo – nunca de frente – de forma que nuestras decisiones no se basan en un análisis objetivo de nuestras posibilidades reales, sino en la vaga percepción de que nuestra capacidad de generación de ingresos permitirá solventarlas, así sea eventualmente.

De esta forma, aceptamos como normal que ocupemos la totalidad de nuestro ingreso, mezclando indistintamente consumos ordinarios con extraordinarios como si fueran lo mismo, y como si los riesgos no existieran. Incluso, desde esta frágil perspectiva, nos endeudamos alegremente en el corto y el largo plazo.

Los resultados de semejante entropía en el flujo de caja son la iliquidez y el sobreendeudamiento, así como la frustrante sensación de que el ingreso – no importa cuánto sea – nunca alcanza.  Vamos acumulando déficits hasta que un ingreso extraordinario – que debiéramos usar para construcción de riqueza – nos permite “limpiar” nuestros pecados y recomenzar el ciclo… hasta la siguiente vez.

Suena familiar, porque lo es.  ¿La alternativa?  Vivir despiertos, conscientes de cuánto costamos y de los riesgos que asumimos.

Prueba ácida

¿Cómo saber si eres generador de déficit?  La pregunta clave es la siguiente: ¿estás endeudándote para cubrir el costo de tu bienestar ordinario?  Para responderla, debes aislar el costo de los factores ordinarios de tu bienestar – alimentación, transporte, techo, servicios básicos, ocio ordinario – de los factores extraordinarios.  Si tu respuesta sincera es sí, entonces debes realizar un ajuste en tu movimiento ordinario de vida.