Sin Rentabilidad, no hay Sostenibilidad!

RSE-227x300

Edison Santos, CEO Emprendimiento Sostenible

 

Si el crecimiento de la economía mundial arrastra un incremento en pobreza, desigualdad,  degradación de los recursos naturales y un incremento exponencial en la emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera, es evidente que dicho modelo de desarrollo económico es insostenible.

Somos habitantes del mundo durante un tiempo finito, y nos exigen aspirar a un crecimiento económico infinito en un planeta de recursos finitos. Eso también es insostenible.

El Desarrollo Sostenible y la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) forman parte de la respuesta a este problema global. El primero como meta, el segundo como acción. Se trata de no solo aspirar a ganar más dinero, sino a transparentar el cómo me lo gano y generar beneficios de bien común.

Cada peso ganado debe lograr un positivo impacto social y ambiental, y lograr esto no es algo solo bueno y justo, sino algo urgente y vital pero también rentable.

Necesitamos guiar la creatividad e innovación humana hacia la búsqueda de modelos de negocios sostenibles, de triple impacto social, ambiental y económico. Hablemos de rentabilidad responsable, pues al final, el mismo presupuesto de RSC nace de los beneficios de la empresa, por lo que ser rentables es primero. Conozco presupuestos de Responsabilidad Social Corporativa que al final del año adornan el estado de resultados como un gasto. Pero he guiado experiencias donde ese mismo presupuesto se invierte en iniciativas que no solo logran un positivo impacto social y ambiental, sino también económico. Le llamo: “Responsabilidad Social Sostenible”.

 

La sociedad sustenta su desarrollo en las actividades económicas que realiza, utilizando como escenario y proveedor el medioambiente en el que vive. Si dichas actividades económicas no generan proporcionalmente valor social y ambiental, el modelo de desarrollo será insostenible y estará predeterminado al colapso. Convertir este problema en oportunidad requiere nuestra “Pasión por un mejor futuro”, invirtiendo “Valores, para crear valores”, consientes de que “Sin rentabilidad, no hay sostenibilidad!”.

El desarrollo sostenible visto desde la igualdad de género

MUJERES_TRABAJANDO

26/08/2014 12:00 AM –  Preiodico El Caribe

Uno de los factores que más retrasa el desarrollo humano sostenible es la desigualdad de género. Para el año 1990 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) inicia la formulación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs), incluyendo como un punto independiente la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres con el propósito de promover la igualdad y autonomía de las mujeres como medio para contribuir a la erradicación de la pobreza extrema, el hambre y la desigualdad.

Sin lugar a duda que para lograr éxito en la lucha contra la pobreza, la desigualdad, y el desarrollo sostenible, resulta imprescindible lograr la igualdad plena entre hombres y mujeres.

La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en Rio de Janeiro, en el año 2012, ratificó que las mujeres tienen funciones centrales y transformadoras en el desarrollo sostenible, por lo que la igualdad de género debe ser una prioridad en áreas como la participación y el liderazgo económico, social y pol
Me detengo a puntualizar que en el año 2012, América Latina y el Caribe cerraron en un 69% su “brecha de género”, según el informe que publicó el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). En el caso de Latinoamérica y el Caribe, el documento destaca los buenos resultados en educación y en salud.

La ONU considera que en todas las regiones en desarrollo se están eliminando las disparidades en la matrícula estudiantil de niños y niñas; en tanto que en el aspecto político para enero de 2014 había 46 países en los que el 30% de parlamentarios eran mujeres. Actualmente hay más mujeres al frente de los Ministerios considerados duros como Defensa, Relaciones Exteriores, Medio Ambiente. También tenemos presidentas en varios países, entre los que sobresalen Chile, Brasil y Argentina; pero la disparidad sigue siendo muy extendida, con techos de cristal demasiado vulnerables para las mujeres en los niveles más altos, según nos lo muestra el Mapa 2014 de las Mujeres en Política, lanzado por la Unión Interparlamentaria (UIP) y ONU Mujeres.

En el Poder Ejecutivo, el porcentaje de mujeres en puestos ministeriales ha alcanzado el 17.2%, frente al 16.1% en 2008. En enero de 2014, había 36 países con el 30% o más de mujeres ministras, encabezando Nicaragua la tabla global de ese segmento poblacional en el Poder Ejecutivo, seguida por Suecia, Finlandia, Francia, Cabo Verde y Noruega.

Los datos sobre las mujeres en política muestran avances. Según datos de la UIP el porcentaje de mujeres parlamentarias se encuentra ahora en un nivel récord de 21.8% a nivel mundial, con un número creciente cada año. También hay 46 países con más de 30% de parlamentarias en al menos una cámara, frente a 42 países en enero 2013.

Desde 2012 el número de mujeres Jefas de Estado o Jefas de Gobierno ha disminuido ligeramente de 19% a 18%. América es la región con el mayor número de mujeres en el nivel político más alto, con cinco Jefas de Estado o Jefas de Gobierno. El Pacífico es la única región que no cuenta con mujeres en estas posiciones.

El porcentaje de mujeres Presidentas de Parlamento apenas ha aumentado del 14.2% en 2012 a 14.8% en 2013. En comparación, el porcentaje de mujeres Vicepresidentas de Parlamento es significativamente mayor, de 26.5%, lo que sugiere que este es a menudo el techo de cristal para las mujeres parlamentarias.

América cuenta con el mayor porcentaje de mujeres Ministras con 22.9%, seguida de África con 20.4%, Europa 18.2%, aunque los países nórdicos tienen un 48.9%, el Pacífico 12.4%, Asia 8.7% y la región árabe 8.3%.

Todos los países de África y América tienen por lo menos una mujer en una posición ministerial. La República Dominicana que tiene varias y acaba de elegir a una presidenta del Senado que fungirá además como Presidenta de la Asamblea Nacional, por primera vez en la historia de nuestro país. Sin embargo, hay que reconocer que a nivel general, los dominicanos estamos lejos de cumplir los compromisos, ya que el porcentaje de mujeres legisladoras se sitúa en 19.7%, y un 3.1% en el Senado; las mujeres Ministras son un 14.3% y un 9.7% Gobernadoras.

El promedio mundial de mujeres en el parlamento ha registrado un aumento anual de 1.5% alcanzando el 21.8% al año 2014.

América mantiene su liderazgo como la región con el promedio más alto de mujeres parlamentarias de 25.2%, mientras que el mundo árabe ha sido testigo del mayor aumento regional, pasando de 13.2% a 16%.

Un progreso constante continúa en África y Europa (de 2.1 y 1.4 puntos porcentuales respectivamente, a 22.5% y 24.6%. Asia y el Pacífico se redujo 18.4% y 16.2%.

Tal y como afirmara ONU-Mujeres en uno de sus últimos informes, pese a grandes logros, la desigualdad de género es todavía uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Alimentada por una discriminación profundamente arraigada contra las mujeres y niñas; es dañina y costosa, pues interrumpe el progreso económico, menoscaba la paz y limita la calidad del liderazgo. Su eliminación debe ocupar un lugar relevante entre las metas mundiales y naciona

– See more at: http://www.elcaribe.com.do/2014/08/26/desarrollo-sostenible-visto-desde-igualdad-genero#sthash.pPjOkpKx.dpuf

La imparable economía colaborativa

1403265872_316865_1403268384_noticia_normal

Compartir en vez de poseer. La economía colaborativa o consumo colaborativo quiere cambiar el mundo. Plantea una revolución abrazada a las nuevas tecnologías. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) le calcula un potencial de 110.000 millones de dólares (82.000 millones de euros). Hoy ronda los 26.000 millones. Y quienes participan a título personal en este sistema basado en intercambiar y compartir bienes y servicios a través de plataformas electrónicas se embolsan, según la revista Forbes, más de 3.500 millones de dólares (2.580 millones de euros).

De hecho, la Red está llena de ejemplos que cuentan ese éxito. Sabrina Hernández, una estudiante de la Universidad de San Francisco, cobra 40 dólares (30 euros) la noche, a través del sitio DogVacay, por cuidar perros en su casa. Al mes, dice, gana 1.200 dólares. Mientras que Dylan Rogers, un vendedor de coches de Chicago, recauda 1.000 dólares mensuales alquilando su BMW Serie 6 usado en RelayRides. Dos voces entre millones que revelan el calado del cambio. Tanto que esta era de la economía compartida “crea nuevas formas de emprender y también un nuevo concepto de la propiedad”, sostiene Thomas Friedman, columnista del periódico The New York Times.

Ahí, quizá, reside la verdadera revolución. Desde la noche de los tiempos, el sentido de posesión ha sido inherente al ser humano; sin embargo, algo empieza a cambiar. “Hemos pasado de un mundo en el que sobra de todo a otro en la que la mayoría no puede disfrutar de lo que este siglo ofrece a menos que sea compartiéndolo”, apunta el inversor en nuevos negocios Rodolfo Carpentier. “Quien no puede tener se conforma con probar. Esto es lo que hace a este movimiento imparable”.

Los ejemplos

  • Intercambio de ropa:ThredUP.
  • Coches compartidos: Zipcar, SideCar, Lyft, Bluemove, Getaround, Uber.
  • Préstamos económicos:LendingClub.
  • Alojamiento de viajeros:Hipmunk, Airbnb.
  • Trueque de comida:Compartoplato, Shareyourmeal.
  • ‘Crowdfunding’: KickStarter, Verkami.

¿Aunque es solo eso, una respuesta a la frustración? Carlos Blanco, un conocido emprendedor español, cree que esta forma diferente de consumir es “una consecuencia de la digitalización, pero también una réplica frente a los abusos en los precios, el mal servicio y la pésima regulación”. Es un caballo de Troya dentro de un sistema que fomenta que en el planeta haya objetos valorados en 533.000 millones de dólares que no se utilizan.

A partir de ese intruso se entiende que esta propuesta es algo más que sofisticados algoritmos que casan oferta y demanda. Para algunos, el consumo colaborativo es una respuesta a la inequidad y la ineficiencia del mundo. Lo cuentan los números. El 40% de los alimentos del planeta se desperdicia; los coches particulares pasan el 95% de su tiempo parados; en Estados Unidos hay 80 millones de taladradoras cuyos dueños solo las usan 13 minutos de media, y un motorista inglés malgasta 2.549 horas de su vida circulando por las calles en busca de aparcamiento. ¿Podemos consentir ese desperdicio? ¿Hacen falta tantos coches? ¿Necesitamos esas taladradoras o perder ese tiempo? Al fondo, la Tierra alcanzará 9.000 millones de habitantes en 2050. Y habrá que alimentarlos, en un tiempo donde el paro será una pandemia. Hay algo de apocalíptico si juntamos todas estas ideas, pero también de hartazgo.

“El capitalismo sin control ha dejado a mucha gente desilusionada. Personas que buscan nuevos caminos que den sentido a sus vidas”, reflexiona Jan Thij Bakker, cofundador de Shareyourmeal, una plataforma holandesa dedicada a compartir comida que empezó siendo un grupo de WhatsApp y que cerrará el año con 100.000 miembros.

Porque este nuevo consumo tiene mucho de maltusiano. Se multiplica a tal velocidad que ya hay 5.000 empresas compitiendo con las tradicionales. Y en todas las actividades. Intercambio de ropa (ThredUP), coches compartidos (Zipcar, SideCar, Lyft, Bluemove, Getaround), préstamos económicos (LendingClub), alojamiento de viajeros (Hipmunk), trueque de comida (Compartoplato), crowdfunding (KickStarter, Verkami).

Consciente de que, una vez abierta la caja de Pandora, las repercusiones son profundas, la Unión Europea redactó en enero pasado un dictamen de iniciativa para entender estos vientos. “El consumo colaborativo representa la complementación ventajosa desde el punto de vista innovador, económico y ecológico de la economía de la producción por la economía del consumo. Además supone una solución a la crisis económica y financiera en la medida que posibilita el intercambio en casos de necesidad”. ¿Demasiadas expectativas?

El consumo colaborativo tiene su lado oscuro: aplicaciones como Uber o Airbnb lo han revelado

Puede, aunque en la sociedad española el mensaje arraiga. La firma de estudios de mercado Nielsen dice que el 53% de los españoles estarían dispuesto a compartir o alquilar bienes en un contexto de consumo colaborativo. Ese porcentaje es nueve puntos superior a la media europea (44%). Aunque en países donde la recesión ha sido profunda, como Portugal (60%) o Grecia (61%), las ratios son más altas. “La crisis económica ha conducido a un cambio de mentalidad de los ciudadanos en su manera de relacionarse social y económicamente”, analiza Gustavo Núñez, director general de Nielsen Iberia.

Sin embargo, este consumo también tiene un lado oscuro. Aplicaciones como Uber o Airbnb lo han revelado. La primera conecta pasajeros con conductores; la segunda busca y comparte alojamiento. Ambas están bajo vigilancia. Uber es un gigante. En solo cuatro años de existencia ya vale 18.000 millones de dólares y opera en 132 países. Y su éxito ha chocado de frente en Europa contra el mundo del taxi, que le acusa de competencia desleal. El coloso se defiende. “No somos enemigos de los taxistas ni del sector. Las protestas [vividas la semana pasada en varias capitales europeas] son excesivas y lo único que pretenden es mantener la industria en un estado inmovilista”, argumenta un portavoz de la firma.

Tampoco se ha librado de los problemas Airbnb. Un sitio de alojamientos para particulares que surgió en 2007 y que ya ha encontrado cama a 10 millones de personas. Desde hace un par de meses, la Fiscalía de Nueva York investiga el impacto de estos alquileres a corto plazo, porque podrían restringir la oferta de inmuebles y volverlos menos asequibles en las grandes ciudades. Además, en la Gran Manzana, alquilar un apartamento completo por menos de 30 días es ilegal. Complicada convivencia. “Queremos trabajar con todas las partes implicadas en una regulación justa que permita a las personas alquilar de forma ocasional la casa en la que viven”, apuntan en Airbnb, y se refugian en los números. España es el tercer mercado más importante del mundo para la compañía, con más de 57.000 propiedades. ¿Impactarán estas cifras en su entorno? “No creo que desestabilice el sector inmobiliario, aunque puede frenar la construcción de viviendas”, observa Luis Corral, consejero delegado de Foro Consultores.

En el fondo estos modelos de éxito digitales tienen el problema de chocar contra el statu quo económico. Ya sea la industria del motor, los operadores turísticos o el mundo financiero, donde, por cierto, aparecen propuestas de desintermediación que amenazan la cuenta de resultados de los bancos, como la española Kantox, que propone el intercambio de divisas entre empresas. “Pero poco pueden hacer, la tecnología es imparable. El sector financiero será asediado como lo han sido los medios de comunicación o la música”, advierte el business angel Luis Martín Cabiedes.
De cualquier forma, compartir, prestar, alquilar son verbos que se expanden con una fuerza nunca vista por la economía mundial. Surgen miles de plataformas electrónicas que los emplean. Y aunque queda tarea pendiente —regular ciertas aplicaciones, para evitar que engorden la economía sumergida, y mejorar los derechos de los consumidores—, el éxito de esta forma de consumir revela una sociedad que quiere cambiar la manera en que vive. Buenos augurios en unos días en los que es difícil extraer poemas de las noticias.

 

Fuente articulo http://economia.elpais.com/economia/2014/06/20/actualidad/1403265872_316865.html

Objetivos de vida u objetivos financieros: ¿qué va primero?

vida-diaria-ahorrar-dineroCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.    

A menos que seas Rico McPato, existirán diferencias entre tus objetivos de vida y tus objetivos financieros.  Estarán relacionados, desde luego, pero no serán lo mismo.  Si fuéramos a simplificar la cuestión, diríamos que los objetivos de vida representan el “quiero” y los financieros el “puedo”.

Lo más lógico sería, entonces, que los objetivos financieros estén al servicio de los objetivos de vida: nos afanamos en construir una realidad financiera que pueda sostener la vida a la que aspiramos.  Sin embargo, a menudo acontece que lo financiero restringe – y retrasa – todo lo demás.

Hay más de una razón para esto.  En primer lugar, es natural que – para la mayoría de las personas – las aspiraciones tiendan a ir más rápido que las posibilidades reales.  Por eso será importante que no aceleremos nuestro movimiento más de lo aconsejable, lo cual haríamos, seguramente, a partir del abuso del crédito.

Por otro lado, pueden existir etapas de nuestra vida en las que debamos diferir los objetivos de vida hasta tanto se cumplan determinadas metas financieras.  Cuando necesitamos reestructurarnos financieramente, por ejemplo, es seguro que deberemos aceptar un aplazamiento de aquellos objetivos de vida que impliquen uso de dinero.

En otras ocasiones, tocará posponer los objetivos de vida, no por restricciones financieras, sino porque hacerlo es lo más conveniente para el sostenimiento de nuestro bienestar.  Este será el caso cuando de por medio esté el mantenimiento de nuestra liquidez o la atención a riesgos activos.

Liquidez y riesgos

La construcción de los objetivos de vida no debe suceder a expensas de nuestro bienestar.  Por tanto, debemos estar dispuestos a condicionar las decisiones de vida que impliquen dinero al mantenimiento de niveles adecuados de liquidez y a la gestión de los riesgos activos que podamos detectar en el futuro inmediato.  Si estas dos variables no están “bajo manejo”, probablemente convendrá posponer la decisión.

Cómo usar el crédito y vivir para contarlo

esclavo-del-dineroCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.    

El crédito, cuando se usa bien, puede ser una herramienta útil para la construcción del bienestar.  Sin embargo, este buen uso del crédito no sucede espontáneamente.  De hecho, para que pueda siquiera ser posible, toca un cambio de mentalidad bastante radical respecto de la función que le hemos asignado al crédito en nuestro movimiento financiero.

La primera clave está en asegurarnos de que no usamos el crédito para cubrir nuestro costo ordinario, pues eso sería una señal clara de que somos generadores de déficit.  El uso “en automático” de crédito plástico provoca una desorientadora mezcolanza entre ingreso y crédito que puede evitar que notemos que estamos sangrando financieramente.

La segunda clave es cerciorarnos de que el crédito no ocupa el lugar que le toca al ahorro en la construcción de nuestras decisiones.  Hemos llegado a considerar normal que el criterio principal para decidir consumos, adquisiciones – y hasta inversiones – sea el acceso al crédito, respaldado – en nuestras mentes – por la capacidad de pago representada por el ingreso.  Esto constituye un craso error, pues nos pone demasiado cerca de la iliquidez si sucediera cualquier fluctuación, ya sea del lado del ingreso o del gasto.

El cambio de mentalidad consiste en usar el crédito sólo a partir del ahorro, y como complemento del mismo.  De esta forma, el crédito será un apalancamiento efectivo de nuestros recursos propios, lo cual permitirá que consigamos nuestros objetivos más rápido, sin sobrecargarnos y sin comprometer nuestro bienestar.

Crédito saludable

Usamos el crédito plástico de forma saludable cuando hacemos compras como estrategia de pago, no como acceso a un dinero que no tenemos en el momento.  De otra manera, estaremos cavando un hoyo financiero o, en el mejor de los casos, colocándonos al borde de él.  En cuanto a otras formas de crédito de consumo, combinándolas con el ahorro puedes sacarles el máximo provecho.

Acéptenlo: hoy el mundo es digital

Autor: Eduard Punset 10 agosto 2014

A finales del siglo XIX, un ingeniero autodidacta, Frederick Winslow Taylor, comenzó a aplicar la organización científica a las tareas que se realizaban en sus fábricas siderúrgicas. Y a comienzos del siglo XX, a otro ingeniero estadounidense le dio por aplicar un método parecido a la fabricación de automóviles, lo que revolucionó la producción industrial.

El primero dejó escrito que el principal objetivo de su organización científica del trabajo consistía en «garantizar la prosperidad máxima, tanto para el empleador como para cada uno de los empleados».

Henry Ford –que así se llamaba el segundo ingeniero– se olvidó de los segundos agentes de la recomendación de Taylor (los empleados) y desde entonces no todos estamos satisfechos con la actual distribución del horario de trabajo. Entonces importaba poco; hoy importa mucho.

FordT

Familia estadounidense en un Ford T, el coche que revolucionó la industria del automóvil (imagen: William Creswell / Flickr).

No estamos considerando el ritmo acelerado al que nos aboca la robotización de la vida laboral. En 2011, Alemania contaba ya con 157.200 robots. Y en los dos años siguientes los tuvo que aumentar en 16.500, porque ritmo de obsolescencia de las máquinas es superior al de los humanos. No se puede olvidar que los robots se ocuparán de muchas tareas que hasta ahora desempeñan los humanos. Y no solo en las fábricas, también en los despachos y oficinas. Lo importante, lo nuevo, es que el concepto de «retiro» –que sigue estando ligado a la jubilación– tenderá a desaparecer. Esto se va a acabar, según los expertos bien informados. El concepto de «empleo» y las nociones de «jefe» o «estamento superior» también desaparecerán antes de mediados de este siglo.

Que nadie se lleve a engaño: el tiempo en el que estamos entrando, según estudios recientes, es un mundo de trabajo continuo y formación permanente en el que será mucho más importante esta última que la formación inicial. No vamos derechitos, a pesar de lo que cree la gente, a tener que elegir entre trabajar menos o dedicar más horas a pensar nuevas soluciones.

También es tiempo de plantearse qué hay de verdad en el supuesto uso o abuso de las nuevas tecnologías, responsables de la sobrecarga cognitiva y la saturación de la memoria que sufrimos. Uno de los grandes abanderados de ese planteamiento es el fabricante alemán de automóviles Volkswagen, que ha programado sus servidores para que sus empleados no puedan recibir correos electrónicos profesionales entre las seis y cuarto de la tarde y las siete de la mañana ni los fines de semana. Una iniciativa que también han seguido Canon y, en Francia, la Société Générale.

Por otro lado, se equivocan los que continúan esgrimiendo la supuesta y futura separación ad vitam aeternam entre la esfera impuesta por el trabajo y lo que nos gustaría hacer. Ambas serán la misma gracias a la revolución educativa, que es lo que de verdad nos va a cambiar la vida.

¿Qué pensamos hacer con una población que vivirá mejor y más años y que será más productiva gracias al progreso tecnológico? En otros términos, ¿se debe seguir utilizando a esa población como en siglos pasados o, por el contrario, convendría empezar a repartir el trabajo menguante pero compensado por nuevas formas gracias a la revolución educativa en ciernes?

La verdad es que en el campo educativo todo está por hacer. Efectivamente, deberemos contar con un sistema que nos permita Desaprender lo aprendido (más intuición y menos Estado), saber trabajar en equipo, apuntarse a la multidisciplinariedad en lugar de aborrecerla y aceptar que el mundo de hoy es digital. Quien mejor ha descrito lo que viene ha sido Sydney Brenner, premio Nobel de Medicina en 2002: «Si sabes demasiado sobre un tema, dirás que “no funciona”; mientras que si uno es ignorante, va intentando cosas. Lo bueno de ser joven es que eres un outsider y un afortunado por ignorar la mayor parte de las cosas. Para los jóvenes, las mejores oportunidades en ciencia están simplemente en hacerla».

– See more at: http://www.eduardpunset.es/22641/general/aceptenlo-hoy-el-mundo-es-digital#sthash.yZEddJib.dpuf

El milagro de la confianza

1958026_588983727859786_1557605359_nCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

El verdadero motor de la vida en sociedad es la confianza.  Es la confianza la que nos permite aceptar las convenciones de valor de todo aquello que usamos como dinero, la que nos deja creer que el producto que compramos al supermercado es de buena calidad y está en buenas condiciones, la que nos hace montarnos en cualquier autobús para que el desconocido conductor nos lleve a puerto seguro.

Sobre la confianza podemos, ciertamente, edificar cualquier cosa, pero cuando se pierde, todo se derrumba.  Sin ella no hay moneda que valga, ni relación humana o institucional que se sostenga. Sin confianza no hay desarrollo.

Sin embargo, lo más interesante acerca de la confianza es que – frágil como es – puede, literalmente, construirse.  Esta noción es poderosa, pues es como si un milagro dependiera de nosotros.  Pocas tareas son, por tanto, más importantes que la construcción de confianza.

¿Cómo se construye, pues, la confianza?  Veamos algunas sugerencias para hacerlo dentro de la comunidad familiar.

Comienza por definir, de manera explícita y transparente, quienes son los “actores” de la comunidad, de forma que todos se involucren en el proceso.  Luego, establece un acuerdo – también explícito y transparente – respecto del sentido de dirección de la comunidad. Este acuerdo debe aclarar el marco de tiempo y cómo se gobernará el sentido de dirección.

Lo siguiente es poner el acuerdo en práctica.  La confianza crecerá a partir de los ciclos de experiencias positivas que vayas acumulando.

Confianza es desarrollo

Cuando una sociedad tiene un grado avanzado de confianza, existen más oportunidades para el desarrollo.  El tejido social es más fuerte, por lo que las instituciones – las públicas y las privadas – también serán más fuertes, y todo funcionará mejor.  Y, desde luego, viceversa.  Por eso, todo aquello que debilita la confianza entre las personas tiene siempre un efecto devastador en la calidad de vida.

Dinero y emoción en equilibrio

6611381_origCristian Burgos C. y Paulo Herrera M.    

Quizá por la propiedad que tiene para ser intercambiado por toda clase de objetos y para abrir muchas puertas, es inevitable que el dinero se mezcle con nuestras emociones.  Esta tendencia, humana por demás, nos lleva a colgar en el dinero – no siempre de la mejor manera – aspiraciones, expectativas y miedos.

Desde la cultura financiera, la virtud radica en el punto medio, tan lejos de la pretensión de ser cien por ciento racionales en nuestros movimientos de dinero, como del caos financiero que provocaría entregar a las emociones el gobierno absoluto de nuestras decisiones.

Ahora, ¿cómo encontrar ese punto medio? ¿Cómo equilibrar emociones y dinero?

Protege la liquidez: Lo primero que tenemos que asumir es que sin liquidez no hay bienestar.  Por tanto, las emociones pueden ser bienvenidas a la hora de decidir, siempre que no pongamos en riesgo ni nuestra liquidez actual ni una porción demasiado grande de la liquidez futura.  Repítelo hasta que lo interiorices: sacrificar la liquidez por decisiones de consumo, adquisición o inversión tiene un alto precio: tu bienestar.

Toma en cuenta todos los riesgos: El segundo aspecto clave es no perder de vista los riesgos – salud, sostenibilidad de la fuente de ingresos, entre otros – al decidir.  La razón para esto es que casi todos los riesgos, de materializarse, inciden directamente en tu liquidez.  Por lo tanto, si existe un riesgo “activo” en nuestra realidad, toca el turno a la razón, y no a la emoción.

El semáforo

¿Cuándo caben las emociones en nuestras decisiones, y cuándo no?  Para saberlo, responde sucesivamente lo siguiente: ¿Tienes un fondo líquido de tamaño apropiado para hacer frente a contingencias? Si la decisión implica consecuencias para el flujo de caja futuro, ¿puedes manejarlas? Y, finalmente, ¿tienes tus riesgos “activos” bajo manejo? Si respondiste afirmativamente a todas las preguntas, entonces puedes dar rienda suelta a la emoción.

Aprendamos

Autor: Eduard Punset

Después de los Estados Unidos, Suiza ocupa el segundo lugar como el país más competitivo del mundo. Tiene una tasa de paro inferior al tres por ciento y su población exhibe un nivel de confianza en el futuro solo superado, en Europa, por Noruega.

¿Qué pasa con Suiza? ¿Por qué todos los países europeos, sobre todo los que languidecen en la crisis económica, no tienen desplazado allí un equipo de expertos? «Hombre –le contesté a un periodista que me hacía esta pertinente pregunta–, no todas las respuestas son las mismas, pero desde luego cabría estudiar muy bien si algunas de las medidas tomadas por los suizos son aplicables a otros países».

Desde luego la clave no está en el tamaño de su población, porque Honduras o Bután serían casos comparables en ese sentido. Yo me fijaría más en lo que dijeron suizos relevantes comoJean Jacques Rousseau, que en 1762 escribió lo siguiente: «Cuanto más se amplía el vínculo social, más se relaja y, en términos generales, un Estado pequeño es proporcionalmente más fuerte que uno más grande». Con todo, un suizo de hoy diría que «la talla de su país es la adecuada: ni la de un gigante ni la de un enano.»

matterhorn

El monte Cervino, un icono de los Alpes suizos (imagen: Ashokboghani / Flickr).

Cuando se analizan las características actuales del conglomerado suizo, se queda uno con los rasgos siguientes: descentralización del poder, democracia directa a través de votaciones populares o referendos, unas fuerzas armadas compuestas por milicias ciudadanas y, finalmente, el imperio de la corresponsabilidad política obtenida gracias a un régimen de representación proporcional.

Ahora bien, por encima de todo –tomen nota, por favor, los responsables políticos de nuestras comunidades autónomas–, lo que define la naturaleza de la organización suiza es la importancia política concedida a la educación pública. Los llamados cantones y sus comunas financian más del 80 por ciento de todos los gastos educativos. A los jóvenes, una vez concluida la enseñanza obligatoria, les corresponde elegir su trayectoria educativa: un 60 por ciento de ellos optan por la formación profesional.

De este modo, las colectividades públicas suizas tienen asegurada la formación requerida por sus empresas; un estudio efectuado hace unos dos años por la institución bancaria Credit Suisse sugiere que la educación es satisfactoria y que la motivación para estudiar de los jóvenes va mucho más allá de sus propios intereses y se acerca a las necesidades de la propia empresa.

Dicho lo anterior, el sistema suizo en su conjunto concede a sus trabajadores la primera posición para los servicios de calidad y alta gama, tanto si se trata de la gestión de la riqueza como de los productos vinculados a los sectores de la química, farmacia, relojería o mecánica de precisión. A pesar de su apuesta por un franco suizo fuerte y revalorizado, el país sigue disfrutando de una balanza comercial fuertemente excedentaria. En las encuestas no solo exhiben su optimismo respecto al futuro, sino que se muestran confiados en cuanto a sus ventajas a la hora de competir con el resto del mundo.

Es curioso que la población suiza insista en destacar las ventajas referidas a su país tomadoglobalmente, frente a las ventajas individuales. Forman parte de un país innovador y competitivo que se adapta bien a los cambios de mercado. Su fuerza reside –en eso coinciden todos los observadores– en la búsqueda constante del equilibrio entre la solidaridad y la apertura al resto del mundo; para utilizar los términos recogidos en la Constitución de 1999: «Suiza puede enseñar cuál es la vía al resto del mundo, sin falsa modestia ni pretensión desmesurada».

¡Ojalá aprendamos!

 

link articulo http://www.eduardpunset.es/22609/general/aprendamos