Ideas para el inversor conservador

La caída de los tipos de interés obliga a buscar alternativas a los depósitos

Rentabilidades reales en torno al 0%. Éstas son las expectativas de rendimientos que, según una decena de expertos consultados, ofrecen, hoy por hoy, los depósitos o la deuda pública nacional y, en general, “toda la inversión absolutamente conservadora en la que el riesgo asumido es mínimo”. Los tipos de interés nominales están en niveles tan bajos (entre el 0,01% y el 0,25% a corto plazo y en torno al 2% cuando los plazos se alargan incluso más allá de los 10 años) que a nada que la inflación se corrija a corto plazo puede convertir esas rentabilidades reales en negativas (el IPC subió en mayo un 0,5% respecto al mes anterior y elevó en cuatro décimas su tasa interanual, hasta el -0,2%).

Los analistas tienen claro que para contrarrestar este entorno no hay que remodelar toda la cartera y convertirse en un inversor de riesgo absoluto. Sin embargo, la mayoría de ellos sí aconseja destinar entre el 30% y el 40% de la cartera a inversiones con algo más de riesgo. César Ozaeta, responsable de selección de fondos de renta fija de Abante, recomienda “elaborar estrategias flexibles: destinar un 10% de ese 30% de patrimonio a fondos de inversión de renta fija global en busca de valor y el resto a fondos de retorno absoluto, con objetivo de rentabilidad del 2% y el 3% anualizado en tres años”.

Para Víctor Alvargonzález, director de Inversiones de Tressis, “se puede colocar un tercio de la cartera en un seguro de ahorro” con una rentabilidad estimada en un periodo de 12 meses del 1,85%. “Habría también, por ejemplo, que utilizar fondos mixtos y productos de retorno absoluto -que no estimado- con no más del 4% de volatilidad histórica”, añade Alvargonzález.

Los expertos aconsejan tener hasta un 40% de la cartera en activos con algo de riesgo

Por su parte, Luis Martín, director de ventas de BlackRock Iberia, apuesta por la renta fija europea con duraciones cortas con poca sensibilidad a potenciales subidas de tipos de interés o, entre otros, los fondos de gestión alternativa, como son los de renta variable long-short o fondos flexibles, “con retornos estimados en el 4% y los de generación de rentas que en la actualidad pueden llegar a ofrecer retornos próximos al 5%”. Antonio Salido, director de Marketing y Comunicación de Fidelity para España y Portugal, ve también “en la renta fija europea corporativa posibilidad de obtener rendimientos entre el 2,5% y el 3,5% y en los fondos mixtos globales de gestión muy activa, de lograr vía rentas, retornos de hasta el 5%”.

Cristian Balteo, responsable de producto de Nordea, considera a los fondos de renta fija flexible capaces de generar unos rendimientos “dos puntos por encima de lo que ofrece la liquidez” y a los fondos mixtos que incluyan valores de alta rentabilidad por dividendo, “de superarla hasta en cuatro puntos”.

Para Juan Luis García Alejo, director de análisis, mercados y productos de Andbank, se trata de evitar riesgos de duración porque los tipos de interés repuntarán a medio plazo. “Se puede apostar por la renta fija de gobierno de países de la periferia europea, por la renta fija corporativa high yield, por los fondos de gestión alternativa, y colocar, no más del 5%, en renta variable en busca de dividendos y valor”.

Ignacio Rodríguez, responsable en España de M&G Investment, sostiene que los fondos multiactivos en manos de gestores con experiencia pueden llegar a ofrecer entre un 3-6% de rentabilidad anual “y son más sencillos, transparentes y rentables que los garantizados”. Carlos Andrés, director de inversiones de March A.M. tiene claro que riesgo no es equivalente a volatilidad. “Simplemente es la posibilidad de perder dinero, por lo que lo más adecuado para un inversor conservador es tomar posiciones en fondos perfilados o incluso en pagarés de empresa de primera línea que ofrezcan rendimientos superiores al 2% o el 3%”, explica.

Visión a largo plazo

Sophie del Campo, directora general de Natixis Global AM para Iberia, Latinoamérica y US Offshore, asegura que lo más importante es que los inversores no se dejen llevar por las sorpresas y movimientos del corto plazo y “construyan carteras duraderas, en las que, es interesante incluir estrategias de renta fija corporativa a corto plazo”.

Por último, David Ardura, Subdirector de Gestión de Gesconsult, explica que si analizamos la situación macroeconómica en Europa y nos aislamos, en la medida de lo posible de la inestabilidad generada por Grecia (entre otros factores), nos encontramos con un escenario de mayor crecimiento, más consumo e inversión e, incluso, mayor crédito. “Todo ello son factores que no benefician al inversor en renta fija, por lo que se trata de recurrir a los productos mixtos que no tengan una duración de cartera preestablecida, de tal forma que se beneficien de posibles subidas de tipos (bonos flotantes) o que incorporen el componente de inflación a su rentabilidad final (Bonos ligados a la inflación)”, concluye Ardura.

link articulo http://economia.elpais.com/economia/2015/06/26/actualidad/1435331596_799437.html

¿Cómo Sé Si Estoy Listo Para Invertir?

Una vez hayamos comprobado que una inversión no pondrá en riesgo nuestro bienestar básico, toca asegurarnos de que dicha inversión alimenta nuestros objetivos de vida 

FFFInversionesedic15MD

En la cultura financiera, el principal objetivo de la planificación es el sostenimiento de nuestro bienestar básico, el cual, consiste en cubrir nuestros costos ordinarios de vida, sin producir déficits y sin tener que recurrir periódicamente a créditos para tapar esos enojosos hoyos que van surgiendo – o vamos creando – en el camino.

La referencia verdadera para medir la rentabilidad es, precisamente, este bienestar básico. Sin la vinculación al sostenimiento del bienestar, carece de sentido el rendimiento aparente de una transacción de consumo, de adquisición o de colocación de dinero en un instrumento financiero.

Toca, por tanto, conocer – y aislar – el costo de ese bienestar básico, pues hacerlo nos permitirá estimar el excedente proyectado que generaremos en un periodo determinado. Esta ganancia probable se verá afectada, desde luego, por las decisiones extraordinarias y por las contingencias que sucedan durante el periodo.

Esta información es muy relevante al momento de plantearnos una inversión, pues la decisión de convertir liquidez en capital de riesgo estará condicionada y dirigida al objetivo
principal, que, reiteramos, es el sostenimiento del bienestar básico. Por lo tanto, este condicionamiento implica:

1. La cobertura del riesgo primario de liquidez, incluyendo la disponibilidad de un fondo para contingencias.

2. La atención, con la liquidez correspondiente, de gastos anuales que no son recurrentes mensualmente -seguros, colegiaturas, regalos de estación, ropa, enseres, etc.-.

3. Tomar en cuenta que nuestra fuente activa de ingresos – trabajo, profesión o negocio – no esté amenazada en lo inmediato.

Solo después de haber revisado estos riesgos, estaremos listos para hacer la inversión. Si tienes dudas respecto de cualquiera de estos puntos, es preferible posponer la decisión de invertir hasta resolverlas.

Pero eso no es todo

Una vez comprobado que una inversión no pondrá en riesgo nuestro bienestar básico, toca asegurarnos de que la inversión alimenta nuestros objetivos de vida. Esto tampoco sucede de manera automática, pues es fácil perder el sentido de dirección en la maraña de decisiones sobre transacciones de consumo y adquisición que tomamos a diario, en un contexto de ofertas de descuentos en precios y de supuestas oportunidades.

Cuando vemos las cosas desde esta óptica, comprendemos que una buena inversión no implica, necesariamente, maximizar los beneficios puntuales. Una buena inversión dirige el esfuerzo hacia la consecución de nuestros objetivos de vida, cualesquiera que estos sean.

Algunas preguntas adicionales que podemos hacernos para validar si tal o cual inversión es idónea y oportuna para nosotros, son las siguientes:

1. ¿La inversión me ayudará a conseguir mis objetivos de vida? ¿Cuál objetivo? ¿Cómo me ayudará?
2. ¿Implica la inversión costos o riesgos que significarán una carga para mi ingreso activo? Si ese es el caso, ¿tengo la habilidad financiera para hacer frente a estos costos sin poner en peligro la sostenibilidad de mi bienestar básico?
3. ¿Se corresponde la inversión con mi etapa de vida actual? ¿Conviene hacer la inversión en este momento, o es más conveniente hacerla en una etapa posterior de mi vida? o ¿Corresponde a una etapa anterior y ya no será tan fácil aprovechar sus bondades?

FFFInversiones2edic15MD

Para muestra, un ejemplo

Mira este ejemplo que pretende ilustrar el verdadero sentido de la rentabilidad:

Si decides adquirir una propiedad, porque encuentras una oportunidad de precio, pero en
ese momento dependes de tu ingreso activo en un 100% para suplir tus necesidades básicas, entonces será la propiedad más cara que puedas adquirir, pues traerá mayor riesgo a tu bienestar.

Si, en cambio, tomas la decisión después de que tengas cubiertos tus riesgos de sostenibilidad, el precio de adquisición pasa a segundo plano. Claro, siempre será preferible comprar barato, pero es mucho más importante no comprometer esfuerzos ni poner en riesgo tu bienestar futuro para “aprovechar” lo que se supone es una oportunidad. La clave, entonces, no está solamente en el precio; la clave de la rentabilidad es que las decisiones se dirijan a apuntalar el bienestar y desde esta perspectiva, cuándo es mucho más importante que cuánto.

por Paulo Herrera y Cristian Burgos | info@smartcoach.com.do

El FMI advierte de que la desigualdad social frena el crecimiento

El Fondo se suma a la OCDE y alerta de que el aumento de la brecha lastra el PIB mundial

1434367284_246688_1434367608_noticia_normal

Cuanto más concentrada está la riqueza en pocas manos, menor es el crecimiento de un país. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha presentado este lunes un informe en el que advierte de que el aumento de la brecha social en un país supone un freno para el crecimiento económico, en línea con lo planteado por la OCDEel pasado mes de mayo. La desigualdad merma expectativas y desincentiva la formación y la productividad.

El Fondo calcula que si el 20% de la población más favorecida aumenta un punto porcentual la cuota de ingresos que acumulan, el aumento del PIB de un país es un 0,08% más bajo en los cinco años siguientes. En cambio, cuando el 20% más bajo de un país gana un punto del pastel de los ingresos de un país, el crecimiento es un 0,38% mayor.

Esta relación entre distribución de la riqueza y dinamismo económico persiste si, en lugar de mirar ese 20%, se lleva a segundos y terceros quintiles de la escala social, lo que sería ya la clase media. La defensa de la clase media como valor en sí y como motor de un país se ha puesto sobre la mesa tras la gran tormenta financiera global. El presidente de EE UU, Barack Obama, lo ha considerado “el reto que caracteriza nuestro tiempo”.

El 1% tiene el 50%

Si se pone toda la riqueza del mundo en una misma tarta, el 1% de la población más pudiente concentrará la mitad de todo ese pastel. En EE UU, un tercio de todo ese patrimonio lo tiene el 1%. Movimientos de protesta contra las heridas de la crisis se identifican con lemas como “Somos el 99%”.

Este proceso de concentración de riqueza, según el Fondo Monetario Internacional, se ha dado en paralelo a un incremento de los niveles de pobreza relativa (población que vive con ingresos por debajo del umbral de la pobreza) en los países desarrollados.

Hay varios factores que han contribuido al incremento de la brecha entre ricos y pobres. Uno de ellos es el progreso tecnológico, ya que ha incrementado las ganancias de los trabajadores más cualificados al tiempo que ha destruido puestos de baja formación y por tanto han perdido demanda.

Pobreza y desigualdad no son lo mismo, aunque haya sido la Gran Recesión la que ha elevado las diferencias a niveles récord en los países ricos. Por eso hay quien no ve en la desigualdad un problema en sí mismo. Por ejemplo, Martin Feldstein, de la Universidad de Harvard, siempre advierte de que las políticas públicas debe centrarse en reducir la pobreza, no tanto la brecha social.

El experto plantea un ejercicio de imaginación: si un pájaro mágico entrega a cada persona 1.000 dólares, ello no reduciría ninguna desigualdad, pero no deja de ser una mejora para todos que no recae a expensas de nadie. Es más, señala que esos 1.000 dólares significan más para el pobre que para el rico, con lo que su situación avanza más en términos relativos.

Las organizaciones internacionales muestran cada vez más preocupación por las desigualdades. Lo que FMI y OCDE plantean es que la desigualdad excesiva no solo supone un riesgo para la convivencia sino que es también un problema macroeconómico. Afecta a la productividad de un país y, por tanto, a su progreso: “Por ejemplo, puede llevar a invertir menos en educación, ya que los niños pobres tienen menos capacidad de ir a la universidad”, así que acumulan menos capital físico y humano. Además, “cuanta más disparidad de ingresos, menos movilidad social hay entre generaciones y menores incentivos para la formación”.

Incremento del coeficinte Gini

En el caso de la OCDE, los cálculos de la organización señalaban que el incremento del coeficiente Gini (el más común para medir la desigualdad) fue entre 1985 y 2005 de dos puntos en 19 países de la OCDE y esto supuso un lastre de 4,7 puntos porcentuales el crecimiento acumulado entre 1990 y 2010.

Hay más argumentos para tratar la desigualdad como un problema en sí mismo, más allá de la pobreza, desde el punto de vista social. Por ejemplo, Michael J. Sandel, profesor de Política y Justicia también en Harvard, advierte en cambio de que “si la brecha entre ricos y pobres se vuelve muy grande, aunque nadie pase hambre, las personas empiezan a vivir vidas cada vez más separadas, en distintos barrios, distintos medios de transporte, distintos médicos, dejan de convivir en los espacios públicos… No es bueno para la democracia. La democracia no requiere igualdad perfecta, pero si la gente vive en esferas cada vez más separadas, el sentido de ciudadanía y de bien común es más difícil de sostener”, explicaba en una entrevista en este periódico en 2013.

Link articulo original http://economia.elpais.com/economia/2015/06/15/actualidad/1434367284_246688.html

Claves para una rutina financiera sana

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

AR-130229486

Cuando adquirimos cultura financiera, comprendemos que las situaciones relacionadas con dinero son consecuencias – y no causas – de cómo gestionamos nuestro movimiento financiero y los riesgos de nuestras vidas.  Aceptando que siempre habrá eventos inesperados que afectarán nuestros planes – la vida no cabe en una hoja electrónica – la calidad de esta gestión financiera y de riesgos está íntimamente ligada a nuestra rutina financiera.  De hecho, puede afirmarse que la rutina importa tanto o más que el nivel de ingreso.

Para comprender cómo construir nuestra rutina financiera, el símil con la creación de una rutina de ejercicios es muy útil.  Así como es recomendable, por ejemplo, hacerte un chequeo de salud antes de inscribirte en el gimnasio, debes comenzar por conocer tu estado de salud financiera actual.

A partir del diagnóstico, ya puedes construir una primera rutina de ejercicios, que consistirá en el uso de determinadas “máquinas”, las cuales serán escogidas teniendo en cuenta el objetivo que tienes en cada fase de tu desarrollo como aficionado al fitness.  Al principio, crear resistencia pulmonar; luego fortalecer aquellas partes más débiles del cuerpo, y así sucesivamente, procurando ser constantes en el esfuerzo y cuidadosos para evitar una lesión.

El equivalente del piso de máquinas del gimnasio en la rutina financiera es nuestro mapa de cuentas.  La experiencia nos ha enseñado que es mucho más eficaz usar cuentas separadas para “ejercitar” diferentes “músculos” financieros.

En la próxima entrega, explicaremos en detalle este mapa de cuentas.

El mapa de cuentas

Está conformado por, al menos, cuatro cuentas: una cuenta para ingresos (que no se usa directamente para los gastos, pues esto ayudará a regularlos de manera eficaz, “separándolos” de los ingresos), una cuenta para los costos ordinarios  (que permite gestionarlos de forma consciente y estratégica), otra para gastos no recurrentes (seguros, regalos, cumpleaños, vacaciones, adquisiciones, etc.) y otra para acumular los excedentes del periodo.

¿Generoso o dependiente?

1433516639_018300_1433516766_noticia_grande

Hay personas que se pasan la vida pensando más en los demás que en sí mismos. Personas extremadamente empáticas y solidarias, cuya vocación consiste en ayudar a otros. De hecho, muchos profesionalizan esta pulsión innata con la que nacieron, convirtiéndose en médicos, enfermeros, psicólogos, asistentes sociales o voluntarios al servicio de alguna causa humanitaria. En muchos casos, incluso dedican sus vacaciones a enrolarse en alguna ONG, atendiendo a los más pobres y desfavorecidos.

En su ámbito familiar y social, por ejemplo, suelen convertirse en la persona de referencia a la que el resto de amigos acuden cuando padecen algún contratiempo, problema o penuria. Son los primeros en ir al hospital cuando alguien que conocen acaba de ser operado, sufre una enfermedad o ha tenido un accidente. O en echar una mano cuando alguien se cambia de piso y necesita ayuda con la mudanza.

Todos ellos suelen tener como referentes a la madre Teresa de Calcuta o a Vicente Ferrer. Inspirados por su ejemplo, consideran que lo más importante en la vida es ser “buenas personas”. De ahí que por encima de todo se comprometan con la generosidad, el altruismo y el servicio a los demás. Sin embargo, este comportamiento aparentemente impecable puede albergar un lado oscuro. Tarde o temprano llega un punto en que su compulsión por ayudar les termina pasando factura.

No hay amor suficiente para llenar el vacío
de una persona que no se ama a sí misma”

Irene Orce

Cuenta una historia que un joven fue a visitar a su anciano profesor. Y entre lágrimas le confesó: “He venido a verte porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas ni para levantarme por las mañanas. Todo el mundo dice que no sirvo para nada. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?”. El profesor, sin mirarlo a la cara, le respondió: “Lo siento, chaval, pero ahora no puedo atenderte. Primero debo resolver un problema que llevo días posponiendo. Si tú me ayudas, tal vez luego yo pueda ayudarte a ti”.

El joven, cabizbajo, asintió con la cabeza. “Por supuesto, profesor, dime qué puedo hacer por ti”. El anciano se sacó un anillo que llevaba puesto y se lo entregó al joven. “Estoy en deuda con una persona y no tengo suficiente dinero para pagarle”, le explicó. “Ahora ve al mercado y véndelo. Eso sí, no lo entregues por menos de una moneda de oro”.

Una vez en la plaza mayor, el chaval empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Pero al pedir una moneda de oro por él, algunos se reían y otros se alejaban sin mirarlo. Derrotado, el chaval regresó a casa del anciano. Y nada más verle compartió con él su frustración: “Lo siento, pero es imposible conseguir lo que me has pedido. Como mucho me daban dos monedas de bronce”. El profesor, sonriente, le contestó: “No te preocupes. Me acabas de dar una idea. Antes de ponerle un nuevo precio, primero necesitamos saber el valor real del anillo. Anda, ve al joyero y pregúntale cuánto cuesta. Y no importa cuánto te ofrezca. No lo vendas. Vuelve de nuevo con el anillo”.

Para ser generoso con uno mismo

ANNA PARINI

Libro
El poder está dentro de ti
Louis L. Hay (Urano)

Un libro escrito especialmente para quienes se han dado cuenta de que antes de ser generoso con los demás, primero uno ha de aprender a ser generoso consigo mismo.

Película
Alice
Woody Allen

Una comedia que narra la historia de una mujer que, al desvivirse por su marido y sus hijos, se ha olvidado de atender y cuidar su mundo interior. Y de cómo a raíz de conocer a un excéntrico médico e hipnotizador descubrirá que el origen de sus problemas es la falta de amor hacia sí misma.

Tras un par de minutos examinando el anillo, el joyero le dijo que era “una pieza única” y que se lo compraba por “50 monedas de oro”. El joven corrió emocionado a casa del anciano y compartió con él lo que el joyero le había dicho. “Estupendo, ahora siéntate un momento y escucha con atención”, le pidió el profesor. Le miró a los ojos y añadió: “Tú eres como este anillo, una joya preciosa que solo puede ser valorada por un especialista. ¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?”. Y mientras el anciano volvía a colocarse el anillo, concluyó: “Todos somos como esta joya: valiosos y únicos. Y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos digan cuál es nuestro auténtico valor”.

Dentro de este “club de buenas personas” hay quienes dan desde la abundancia y quienes, por el contrario, lo hacen desde la escasez. Es decir, quienes dan por el placer de dar y quienes, por el contrario, lo hacen con la esperanza de recibir. Centrémonos en estos últimos, indagando acerca de lo que mueve realmente sus acciones.

Muchos de estos ayudadores se fuerzan a hacer el bien, siguiendo los dictados de una vocecilla que les recuerda que ocuparse de sí mismos, de sus propias necesidades, es “un acto egoísta”. No en vano están convencidos de que, para ser felices, la gente les ha de querer. Y de que, para que la gente les quiera y piense bien de ellos, han de ser buenas personas. Movidos por este tipo de creencias, suelen ofrecer compulsivamente su ayuda, atrayendo a su vida a personas necesitadas e incapaces de valerse por sí mismas.

Al posicionarse como salvadores, consideran que los demás no podrían sobrevivir ni prosperar sin su ayuda. De ahí que tiendan a interferir en los asuntos de sus conocidos, ofreciéndoles consejos aun cuando nadie les haya preguntado. Sin ser conscientes de ello, pecan de soberbia, posicionándose por encima de quienes ayudan, creyendo que saben mejor que ellos lo que necesitan. Paradójicamente, su orgullo les impide reconocer sus propias necesidades y pedir auxilio cuando lo requieren.

Detrás de su personalidad inclinada a agradar siempre, bondadosa y servicial se esconde una dolorosa herida: la falta de amor hacia sí mismos. Un sentimiento que buscan desesperadamente entre quienes ayudan, volviéndose individuos muy dependientes emocionalmente. Esta es la razón por la que con el tiempo aflora su oscuridad en forma de reproches, sintiéndose dolidos y tristes por no recibir afecto y agradecimiento a cambio de los servicios prestados. En algunos casos extremos terminan estallando agresivamente, echando en cara todo lo que han hecho por los demás. También utilizan el chantaje emocional, el victimismo o la manipulación para hacer sentir culpables a quienes han ayudado, esperando así obtener el amor que creen que merecen y necesitan para sentirse bien consigo mismos.

Si das para recibir, es cuestión de tiempo que acabes echando en cara lo que has dado por no recibir lo que esperabas”

Erich Fromm

El punto de inflexión de estos ayudadores compulsivos comienza el día que deciden adentrarse en un terreno tan desconocido como aterrador: la soledad y la introspección, poniendo su empatía al servicio de sus propias necesidades. Solo así superan su adicción y dependencia por el amor del prójimo, volviéndose mucho más autosuficientes emocionalmente. Solo así logran poner límites a su ayuda –sabiendo decir “no”–, sin sentirse culpables o egoístas por priorizarse a sí mismos cuando más lo necesiten.

Antes de volver a ayudar a alguien, puede ser interesante que se pregunten lo que les mueve a hacerlo, comprendiendo el patrón inconsciente que se oculta detrás de sus buenas intenciones. De este modo, dejarán de acumular sentimientos negativos hacia aquellos que no les devuelven los favores prestados. A su vez, también pueden recordarse que cada persona es capaz de asumir su propio destino, aprendiendo a resolver sus problemas por sí misma.

En este sentido, es fundamental que comprendan que nadie hace feliz a nadie, puesto que la felicidad se encuentra en el interior de cada ser humano. Lo cierto es que este bienestar interno es el motor del verdadero amor, desde el que las personas dan lo mejor de sí mismas sin esperar nada a cambio. En vez de comportarse como buenos samaritanos, su gran aprendizaje consiste en ser personas felices. Es entonces cuando comprenden que dar puede resultar la verdadera recompensa.

Articulo original http://elpais.com/elpais/2015/06/05/eps/1433516639_018300.html

Me declaro en concurso de acreedores

La ley de segunda oportunidad abre otra puerta al perdón de las deudas y su negociación

Juan Muñoz Pino, protésico dental, logró negociar su deuda con los bancos. / ALBERT GARCÍA (EL PAÍS)

Los números rojos danzan sobre las cuentas de Juan Muñoz Pino, un protésico dental de 50 años, cuando por su cabeza circula la idea de que un suicidio puede ser mejor solución que un desahucio. Muñoz hace lo que parece recomendable en estos casos: habla con su abogado, visita a un psiquiatra y éste le deriva a un psicólogo. De este camino atormentado surgió una solución poco frecuente en España: declararse insolvente. Casi dos años después, no es que sea un hombre feliz, pero podrá pagar lo que debe después de que un juez haya aprobado su convenio con los acreedores y le hayan perdonado una parte de sus deudas. Durante los próximos cuatro años, podrá separarse de cualquier mujer pero no de Laia Folguera. Laia es su administradora concursal.

Su vida está sometida a un plan de pagos como quien precisa ventilación asistida. Si necesitara más gasoil para la calefacción porque el invierno se hace duro, habrá de pedirle permiso a Laia; si quiere adquirir un coche de segunda mano, Laia tendrá la última palabra. Su abogado remite un informe semestral al juez y ella administra su bolsillo; es una mujer rubia que guarda en un archivador todo aquello que en la vida de Muñoz se resume en números, su pasado contable y la posibilidad de un futuro en paz.

Laia escarba con sus dedos en el expediente y encuentra lo que busca: Muñoz debía 540.427 euros, de los cuales 418.504 correspondían a deuda bancaria, 7.000 a la Agencia Tributaria y 600 a la Seguridad Social, y el valor de su casa no sobrepasaba los 250.000 euros. Era un hombre arruinado para toda la vida, que es lo que suele ocurrir en España. Lo dice bien claro el artículo 1.911 del Código Civil: “El deudor responde con todos sus bienes presentes y futuros”. Una deuda nunca se cancela. Incluso, se hereda.

La clave, en el caso de Muñoz, fue doblegar la resistencia del banco: “Al final, los bancos son personas”, explica Laia. “Durante meses, quien gestionaba su deuda en el banco se negaba a cualquier acuerdo. Felizmente, esta persona fue sustituida y pudimos ver un resquicio”. En el bufete Jausas, de Barcelona, Muñoz es un caso de éxito.

“En Estados Unidos, país con mayor tolerancia al fracaso, la gran mayoría de casos de insolvencia lo son de consumidores”

Que un ciudadano tenga derecho a una segunda oportunidad, pueda cancelar deudas y volver a empezar es posible en España desde 2003, cuando la ley concursal introdujo la posibilidad de que un particular pudiera declararse en concurso de acreedores. Pero es mucho más probable que suceda desde el pasado febrero. Se aprobó entonces una ley de segunda oportunidad que, en este punto, ha tratado de paliar los problemas de la fórmula anterior.

El sistema inicial de la ley de 2003 no funcionaba porque exigía un acuerdo entre acreedor y deudor. En el caso de la deuda hipotecaria, la más importante para la mayoría de las familias, si el banco no colaboraba de forma voluntaria —y pocas veces lo hacía— no había arreglo. De hecho, en 2010, en plena crisis, frente a los casi 5.000 concursos de acreedores de empresas, solo hubo algo más de 900 de particulares, cifra que en 2014 bajó hasta los 646. De ellas, además, casi ninguna tuvo éxito. La media de los últimos años es de unos 700 casos al año.

Insolvencia de personas físicas

En otros países los particulares tienen muchas más facilidades para acogerse a medidas de este tipo. “En Estados Unidos, país con mayor tolerancia al fracaso y con una cultura empresarial muy arraigada”, explica el abogado David Grasa, del despacho MMM, “la gran mayoría de casos de insolvencia lo son de personas físicas”. “En 2014 hubo 884.956 (entre liquidación, convenio y plan de pagos), de un total de 911.086 casos de insolvencia”, explica. Las estadísticas reflejan 129.800 casos en Alemania en 2011, 143.871 en Reino Unido y 56.079 en Francia, frente a los 999 de España ese año.

Para mejorar estas cifras, la ley de emprendedores de 2013 incluyó algunos avances. Y la de segunda oportunidad, de febrero de 2015, estableció mecanismos de mediación y permitió que los jueces puedan aprobar planes de pagos de las deudas —incluyendo la hipotecaria— a cinco años que dejan al deudor una cantidad suficiente al mes para poder vivir.

Juan Muñoz logró renegociar su deuda con los bancos y obtener una quita

Grasa llevó el caso de una pareja de jubilados cuya deuda fue exonerada por un juzgado. Sucedió hace un mes en el número 10 de lo Mercantil de Barcelona. El matrimonio tenía cinco hijos. “Él era un ex trabajador de La Caixa, ella una profesora”, explica. “Tenían una situación estable que se rompe a mediados de 2011 como consecuencia de gastos imprevistos porque dos de los miembros de la familia sufren un cáncer. Habían solicitado unos créditos y pagaban regularmente su hipoteca. La ley dice que se liquiden los bienes, pero se pudo dejar en suspenso la venta de la casa porque no reportaba beneficios ni para los deudores ni para el acreedor. Se pudo excluir ese bien y al final les ha quedado una deuda sana que podrán pagar”.

José Manuel de Castro fue el juez que dictó el auto: “Hubo suerte. Les pilló la llegada de la nueva ley y así pudimos cerrar el caso sin que vendieran su vivienda. De lo contrario habría sido más dificultoso”. Castro, como su colega José María Fernández Seijo, del 3 de Barcelona, se han caracterizado por su sensibilidad para salvar la situación de algunas familias. Seijo consiguió en 2011 exonerar de sus deudas a un matrimonio de jubilados que entró en concurso en 2007, no pudo pactar un plan de pagos y liquidó sus bienes. Seijo interpretaba en el auto que las deudas pendientes se deben extinguir “una vez que se han agotado todas las vías”.

Tanto Seijo como Castro sostienen que la ley de segunda oportunidad es un paso. “Es un poco laberíntica, pero permite un sistema más ágil y barato. Llega cuando en España mucha gente está exhausta”. Ambos reconocen que los bancos empiezan a facilitar acuerdos a cambio de confidencialidad: “No quieren repercusión mediática”.

Con la nueva ley, el deudor acude a un notario, que debe nombrar un mediador, quien tratará de poner de acuerdo a las partes. Julio Rocafull es mediador: “La mediación está pensada para hacer borrón y cuenta nueva. Pero es difícil que los bancos acepten quitas del 90%”. Otros expertos consultados son escépticos respecto a las posibilidades de la reforma.

“Es un poco inútil. Quien está mal, no es que no pueda pagar a un abogado, es que no puede pagar ni al enterrador”. Jesús María Ruiz de Arriaga, presidente de Arriaga Asociados, se expresa con esa rotundidad. “En España”, sentencia, “los bancos han tenido una influencia importante en los políticos y por eso han sido tan depredadores”. “Nadie gana con esto”, opina. “Tampoco el Estado, porque la persona que no puede pagar se va a la economía sumergida. Tengo clientes que vienen al despacho con su casa a cuestas: antes de entrar en el despacho pasan al baño y se dan una ducha”.

Juan Muñoz vivirá pendiente de un plan de pagos durante los próximos cuatro años. Vendió su casa y reside con su hermana, pero no habrá sido desahuciado ni expulsado del sistema, que es lo que suele suceder en España con todo aquel que no pueda pagar sus deudas: cualquier nómina, cualquier cuenta corriente a su nombre, cualquier patrimonio será perseguido hasta el final de la deuda… o el final del deudor.

El perdón en tres leyes

La posibilidad de acogerse a un concurso de acreedores se regía por la Ley concursal de 2003. Los particulares necesitaban un acuerdo con los acreedores para iniciar el proceso, pero los bancos se negaban por sistema.

Posteriormente llegó la Ley de Emprendedores en 2013 que abría una segunda oportunidad para empresarios y autónomos. Ofrecía la posibilidad de una mediación con condiciones: el deudor tiene que pagar los créditos hipotecarios, sus deudas con Hacienda y Seguridad Social y el 25% de los créditos restantes. Y entonces podía disfrutar de una quita.

Ley de segunda oportunidad llega en febrero de 2015 como una reforma de la anterior. Se amplía a particulares. Mientras se negocia se detiene la ejecución hipotecaria durante dos meses. Cuando acuden al concurso se liquida su patrimonio, incluída la vivienda. Se establece un plan de pagos para cinco años con la deuda pendiente adaptado a su economía. Si obra de buena fe, pasado ese tiempo se libera de las deudas pendientes.

link articulo http://economia.elpais.com/economia/2015/05/25/actualidad/1432565840_193782.html

La importancia de una rutina financiera sana

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

 Nuestras vidas giran alrededor de una rutina, estemos o no conscientes de ello.  Y no es que esto tenga nada de malo.  Simplemente sucede.  El horario de trabajo o de estudios, las costumbres del hogar – cuando y qué comemos, cuánto y en qué momento dormimos – se convierten en un movimiento continuo con cierta rutina implícita.

Es posible, desde luego, cambiar las rutinas o construir algunas nuevas.  Un ejemplo perfecto es cuando nos proponemos asumir una rutina de ejercicios.  Hacerlo requiere vencer la inercia de la vieja rutina, lo cual siempre implica un pequeño trauma.  Al principio te duele, te cuesta – puedes llegar incluso a renegar del objetivo – pero si persistes habrás incorporado uno de los hábitos más beneficiosos que podemos tener: hacer ejercicio por gusto… y por rutina.

Exactamente igual sucede con la gestión de nuestras finanzas.  Contrario a lo que podemos pensar,  el bienestar sostenible no tiene que ver solamente con nuestro talento, con nuestra disposición o con la generación de ingresos privilegiados.  En realidad, necesitamos una rutina financiera que favorezca el bienestar y no lo sabotee.

¿Por dónde comenzar?  Lo primero es comprender nuestra situación financiera actual, partiendo de una observación consciente de las entradas y salidas de dinero.  Este diagnóstico, que se construye a partir de la observación, constituye en sí mismo un cambio de ritmo y es el primer paso en el camino para esa nueva rutina financiera.

En la próxima entrega, presentaremos los siguientes pasos.

Solo hazlo

Mantener una buena rutina financiera – aunque inicialmente te la impongas de forma mecánica – aumentará la probabilidad de obtener y mantener el nivel de vida que deseas.  Es igual que con los ejercicios: aun cuando no entiendas bien por qué haces tal o cual ejercicio, hazlo hasta que tus músculos se habitúen y puedas dominar la rutina.  Con el dinero sucede igual: observa y aprenderás.