Atiende la causa y cambiarás la consecuencia

Money and plant.

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

Cuando incorporamos la perspectiva de la cultura financiera a nuestra vida, rápidamente comprendemos que todas las situaciones que tienen que ver con dinero – las buenas y las no tan buenas – son consecuencias de decisiones o de eventos.  Prácticamente en ningún caso, constituyen causas en sí mismas.

Es evidente, por tanto, que si queremos cambiar nuestra situación financiera – esto es, la consecuencia – es casi seguro que debemos cambiar el causante, el cual es el proceso por el que tomamos nuestras decisiones relacionadas con dinero.

Esto, desde luego, se dice más fácil de lo que es, especialmente si tomamos en cuenta lo que sugieren las investigaciones recientes en el campo de la neurociencia: en términos prácticos, todas nuestras decisiones son irracionales – tremendamente sesgadas por emociones, ideas preconcebidas o, incluso, programación cultural – incluyendo aquellas decisiones que pensamos que son completamente racionales.

¿Cómo, entonces, cambiar hábitos enraizados por nuevas conductas y por mejores decisiones?

La observación objetiva de nuestro flujo de caja nos permite detectar las decisiones – y los hábitos – que están causando un desbalance financiero.  Esa es la parte fácil.

La parte difícil es, claro, cambiar el hábito.  Una ayuda para lograrlo es aceptar el rol que juegan las emociones en las decisiones y tratar de convertirlas en aliadas del proceso.  Plantearse preguntas previamente definidas ante cada decisión de compra puede ayudar. Algunos ejemplos: ¿Necesidad o deseo?  Si es un deseo, ¿ayuda a mi bienestar? ¿Qué pasaría si postergo – o elimino – la decisión?

12 semanas

Es el tiempo que debes sostener una conducta nueva para que se convierta en un hábito.  Parece mucho tiempo, y ciertamente requiere disciplina, pero vale la pena.  El premio de obtener buenos hábitos de consumo es invaluable, pues una vez una conducta se convierte en hábito, se reduce la influencia de las emociones y de otros factores – como la presión social – en nuestras decisiones.

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