Cuando la familia ahoga

La familia está para lo bueno y lo malo, puede ser paraíso o infierno

Cuando se instala en el conflicto y el chantaje emocional llega a ahogar la capacidad de crecer

Somos, en parte, el resultado de un sinfín de cruces parentales que depositaron en nosotros su legado, no solo patrimonial. La mayoría de las personas que sufren algún tipo de dolor anímico encuentran las causas del mismo remontándose a los años de convivencia familiar o, como ahora sabemos, a códigos inscritos en su árbol genealógico.

Culturalmente hemos elevado a la familia al paradigma del bienestar afectivo, la base del sustento de un país e incluso como un sacrosanto mandamiento divino. ¿Quién es el guapo que se atreve a poner en duda su valor? Y ahí aparece la paradoja: ¿cómo desentrañar sus perversiones cuando es el valor absoluto de una sociedad y la base afectiva de una persona? ¿Cómo formalizar la salida de una familia que puede estar maltratándonos, neurotizándonos o ahogándonos, si el vínculo de sangre es para toda la vida? No podemos ponernos en contra de la familia, pero ¿significa eso justificarla en todo?

El amor no es solo
un sentimiento, también
es un arte”
(Honoré de Balzac)

Nada más llegar a este mundo tenemos la tarea de encontrar la proximidad a un adulto con capacidad de cuidar y proteger. De ahí nace el apego. En el caso de no existir una respuesta satisfactoria, tendemos a desarrollar una estrategia secundaria: o bien se hiperactivará el apego (demanda de atención o lo que popularmente llamamos estar pegados a las faldas de la madre) o bien se desactivará (inhibición emocional). Nace así un estilo afectivo, una manera de amar y ser amados. Simplificándolo mucho, tenderemos a ser promotores de amor o, por lo contrario, mendigos afectivos que nos dejaremos querer, o huiremos asustados por miedo a perdernos en el otro.

La seguridad del vínculo tiene otra función mayor: permite explorar el entorno. Lo vemos a diario, cuando esos pequeñines alardean de sus primeros pinitos. El grado de confianza o desconfianza que tengamos ante la vida y los demás y nuestra autoestima tendrá mucho que ver con la fuerza de ese vínculo y sus dos condiciones: que sea estable y perdurable, basado en el afecto y el amor. Eso sí, nadie entiende lo mismo por afecto y por amor.

ILUSTRACIÓN DE ALBERTO VÁZQUEZ

LIBROS

– ‘Ámame para que me pueda ir’, de Jaume Soler y Mercè Conangla. RBA.

– ‘Apego y sexualidad’, de Javier Gómez Zapiain. Alianza Editorial.

– ‘Lo que nos pasa por dentro’, Eduard Punset. Ediciones Destino.

PELÍCULAS

– ‘La tormenta de hielo’, de Ang Lee. Fox Searchlight Pictures, 1997.

– ‘Gente corriente’, de Robert Redford. Paramount Pictures, 1980.

Ahora imaginemos a unos padres que, por miedo y exceso de control, mantengan a esa personita metida en una burbuja de protección. En lugar de reforzar su sistema de confianza, están depositando cantidades ingentes de miedos y fobias futuras. Del mismo modo, unos padres descuidados someterán a sus hijos a peligros innecesarios y situaciones estresantes que pueden acabar en traumas. O aquellos otros que, con la mejor de las intenciones, han colmado a sus hijos de todo lo que han querido, cuando lo han querido. Muchos se lamentan después de haber criado pequeños tiranos narcisistas. ¡Qué difícil saber lo que es más adecuado!

Mary Ainsworth, investigadora del apego a partir de la teoría incubada por John Bowlby, dio con la clave: la respuesta sensible. Consiste en la capacidad de los padres o cuidadores para comprender e interpretar adecuadamente las señales de demanda del bebé. Esa sensibilidad no es poca cosa, se convierte en un organizador psíquico en el desarrollo de la criatura, es decir, su arquitectura emocional (creencias y expectativas acerca de sí misma y de los demás). La respuesta sensible obedece a los modelos operativos de los padres, que dependen a su vez de la calidad de su propia historia afectiva. Muchos acaban haciendo a sus hijos lo mismo que les hicieron, anclando así valores morales que ya se expresan en los tres primeros años de vida.

Existe un gran acuerdo en resaltar la importancia de nuestros primeros años de vida: se construyen las paredes maestras de nuestra estructura psíquica. Nos condicionarán, sin duda, pero no nos determinarán. Como le gusta contar a Punset, llegamos al mundo con una colección determinada de interruptores y luego la vida se encarga de activar algunos y dejar en el olvido otros.

Son tus decisiones y
no el azar las que determinan el destino”

(Jean Nidetch)

En una familia puede existir esa respuesta sensible o puede que también esté condicionada por múltiples factores: la existencia de otros hermanos, el lugar que se ocupa entre ellos, o ser hijo único, o el encaje entre el trabajo y la familia, las modas, las relaciones en la escuela, una crisis económica que priorice la supervivencia. No se trata de culpar a nadie, sino de entender la construcción sensible de cada relación.

La arquitectura emocional, desarrollada en la etapa del apego, tendrá otras pruebas: la búsqueda de la propia identidad, el sentido de autoeficacia y el desarrollo de habilidades y talentos innatos. Por ahí nacen múltiples desencuentros, proyecciones de los propios padres y chantajes que ahogan el crecimiento personal. En lugar de apoyar, de ser una red de seguridad afectiva, la familia se convierte entonces en una pesadilla, en la siempre frustrante y airada combinación entre el amor y el odio, entre el rechazo y la sed de pertenencia, entre el abandono y la necesidad afectiva. Quizá por eso, Simone de Beauvoir exclamó que la familia es un nido de perversiones.

“No es la carne y la sangre, sino el
corazón, lo que nos
hace padres e hijos”

(Friedrich Schiller)

Según sean las dinámicas relacionales de sus miembros, la familia podrá crecer o destruirse. Podrá tener paz y equilibrio, guerra, resentimiento, dejadez, alegría, dulzura. Podrá ser paraíso o infierno. Puede existir una vinculación amorosa, o puede que se limite a gestionar intereses. Entre esos extremos andamos todos, proclamando una creencia que ya se ha convertido en universal: la familia es la familia. En su seno ocurre de todo, aunque no por ello deba justificarse todo.

Ahora que mucha gente vuelve a casa, es una buena ocasión para recomponer vínculos rotos, heridos o abandonados si los hay. Si solo sirve para pagar deudas, dar comida y un espacio donde dormir, olvidamos que su función es, sobre todo, crear vínculos afectivos y no ahogarlos. La familia es nuestra primera comunidad de acogida, y nadie obliga a quererla si no ha habido amor. Luego vendrá la familia escogida. Es ahí donde se empieza a forjar la respuesta sensible.

Articulo publicado en http://elpais.com/elpais/2013/04/18/eps/1366306454_427411.html

Revisionismo financiero

En 30 años hemos aprendido que las finanzas pueden ayudar a aumentar el crecimiento

MARAVILLAS DELGADO

La vida de este suplemento coincidecon una intensa expansión en la actividad financiera. El volumen transaccional en los mercados de crédito y de financiación directa —acciones, bonos, pagares, etcétera— no ha dejado de crecer desde los años ochenta del siglo pasado. En un contexto de creciente desregulación y liberalización han tenido lugar avances sin precedentes en la innovación financiera. El maridaje con las tecnologías de la información y la asignación de capital humano de elevada calidad han posibilitado que las finanzas acabaran constituyéndose en una de las áreas de conocimiento mas importantes. También esos factores ayudan a explicar la creciente autonomía de la actividad financiera hasta el punto de abonar la acuñación de esa “financiarización” para denotar la creciente escala de los sectores financieros y, no menos relevante, de la menor virtualidad de la regulación del mismo.

La emergencia de la crisis de 2008 se atribuyó a esa expansión y, en todo caso, a fallos de mercado y en la regulación y supervisión financieras, que interactuaron de forma perversa. También el análisis macroeconómico dominante quedó cuestionado en la medida en que sus modelos no tomaban suficientemente en consideración esa complejidad financiera.

El balance de daños generados por esa crisis en términos de erosión de la capacidad de producción y del empleo junto a no pocas investigaciones y trabajos académicos, ha motivado un cierto revisionismo sobre el papel de las finanzas en las modernas economías en dos direcciones fundamentales: la que se pregunta por los atributos de los mercados financieros en términos de eficiencia y grado de perfección de los mismos, y aquella otra que revisa la contribución de la intermediación financiera tradicional y de los mercados de capitales al desarrollo económico.

El escepticismo acerca de la perfección de los mercados financierosse ha reforzado tras la verificación de incentivos perversos en su funcionamiento, como han demostrado los diversos episodios de manipulación de precios, o en el distanciamiento de la eficiencia en la formación de sus cotizaciones, de la capacidad para procesar toda la información relevante. La realidad ha sido pródiga en desautorizaciones de las más fuertes de esas hipótesis de eficiencia formuladas en los setenta del siglo pasado por el premio Nobel Eugene Fama. Los también premios Nobel Robert Shiller y George Arkelof lo han hecho individual y conjuntamente. Cinco años después de aquel Animal Spirits acaba de aparecer otro libro conjunto, Phishing for Phools: The Economics of Manipulation and Deception en el que se relativiza el dominio de “la mano invisible” y amplía esa suerte de enmienda a la eficiencia de los mercados que es el desarrollo de la behavourial finance.

Desde esas bases es difícil seguir asumiendo los veredictos de los mercados financieros como si se trataran de juicios incontestables, con capacidad intimidatoria suficiente como para vincular decisiones importantes de política económica. La subordinación de los gobiernos a sus reacciones ha sido manifiesta, casi tanto como la tolerancia de las pretensiones autoreguladoras de sus principales operadores, hoy afortunadamente en retroceso.

El otro ámbito de revisión, los vínculos entre finanzas y crecimiento económico, aunque en absoluto nuevo, tiene en varias investigaciones recientes exponentes cuestionando que la mayor profundidad financiera, y la extensión e intensidad de los flujos transfronterizos de capital, hayan aumentado la eficiencia y fortalecido el crecimiento. Boris Cournède and Oliver Denk (2015), en un trabajo integrado en un programa de investigación de la OCDE sobre finanzas y crecimiento inclusivo, analizan la relación a largo plazo entre la actividad financiera y el crecimiento económico en los países de la OCDE y aquellos del G20 que no pertenecen a esta organización. Las medidas utilizadas son el valor añadido de las finanzas, el crédito bancario al sector privado no financiero y la capitalización de los mercados de acciones, todas ellas en relación del PIB. Las principales conclusiones son contundentes:

1. Para esos tres indicadores, la expansión en la actividad financiera desde un nivel muy bajo está vinculada a crecimientos importantes del PIB, mientras que esa asociación se hace negativa a partir de un determinado umbral. A partir de una actividad financiera —financiación intermediada y capitalización bursátil— superior al 100% del PIB, más finanzas significa menor crecimiento económico. La pena es que el tipo de trabajo que hacen estos autores no permite estimar los umbrales específicos para cada país.

2. El valor añadido de la intermediación crediticia esta negativamente correlacionado con el crecimiento del PIB durante las últimas décadas. Lo que no ocurre con la capitalización de los mercados de acciones, que es muy positiva. Quizás esa asociación no deriva tanto de la eficiencia de cada mecanismo de canalización del ahorro, como de sus respectivos destinos: el PIB crece más si la financiación del sector privado se lleva a cabo con más recursos propios y con menos deuda. Los autores especifican que un cambio desde la financiación bancaria hacia la más directa o basada en los mercados favorecía un mayor crecimiento económico. Lo que nos remite a una de las reformas asumidas por la Comisión Europea: la necesidad de mayor diversificación institucional e instrumental de los sistemas financieros.

Me temo que aquel título, A las finanzas no las puede dejar solas, de un artículo en este suplemento (4 de enero de 2009) sigue teniendo vigencia. El comportamiento de los mercados no está siempre amparado en la racionalidad y, en consecuencia, hay que relativizar sus veredictos y, desde luego, acompañarlos de una regulación y supervisión adecuadas. La inestabilidad financiera es intrínseca al sistema, como advirtió mucho antes de la emergencia de la crisis el hoy recordado Hyman Minsky. Por ello, lejos de la estigmatización total de las finanzas, es necesario asumir que pueden contribuir a aumentar el crecimiento y hacer que este sea más inclusivo. Ya sea en la dirección que apuntaba hace algunos años el propio Shiller cuando defendía “la democratización de las finanzas”, o simplemente garantizando su adecuado control, no solo nacional, sino por las instancias multilaterales con capacidad técnica suficiente.

Lecciones de la crisis económica

¿Hemos aprendido algo del terremoto financiero? No está de más aprovechar este cambio de época para evolucionar tanto de forma individual como socialmente?

Aunque llevaba décadas gestándose, de un día para otro los medios de comunicación anunciaron que el mundo había entrado en crisis. Algunos expertos profetizaron que este hecho iba a tener consecuencias apocalípticas para la mayoría de los ciudadanos. Y lo cierto es que así ha sido. Curiosamente, la palabra “apocalipsis” viene del griego apokálypsis, que significa “revelación” y también “quitarse el velo de los ojos”. Es decir, el momento de afrontar la verdad sobre lo que está sucediendo.

Por su parte, la palabra “crisis” comparte la misma raíz etimológica que “crisálida”, la cual alude a la “metamorfosis” y a la “transformación”. Y eso es precisamente lo que le está sucediendo al sistema económico: está inmerso en un gigantesco proceso de metamorfosis. De hecho, nos encontramos ante un momento histórico extraordinario. Somos testigos de excepción de un cambio de época.

En este contexto, el cambio y la reinvención han dejado de ser una opción; se han convertido en una necesidad para poder adaptarnos y prosperar en la nueva realidad personal, social, política, laboral y económica emergente. Lo que está en juego es nuestra capacidad de evolucionar como individuos y como sociedad. Para lograrlo, es fundamental tomar nota de las lecciones psicológicas que esta crisis ha venido a enseñarnos.

– Aceptar lo efímero de las cosas. No hay nada que dure para siempre. Todos los sistemas sociales, políticos, financieros y energéticos que hemos ido ­creando han tenido un origen, un punto de máxima expansión, un proceso de decadencia y su consiguiente transformación. No es que hayan desaparecido ni se hayan destruido, sino que han ido mutando por ­medio de las denominadas “crisis sistémicas”. Es decir, las que remodelan los fundamentos psicológicos, filosóficos, económicos y ecológicos del sistema. Y como cualquier otro cambio brusco, suele venir acompañado de cierto grado de inestabilidad, conflicto y violencia.

Para entender la debacle financiera

Documental

Inside Job
Charles Ferguson

En este documental se muestra a los responsables de la crisis financiera, cuya codicia y avaricia generaron un efecto dominó devastador sobre las economías de todo el mundo. La película ofrece una visión de cómo los individuos pueden tomar las riendas y no depender tanto del Estado, de la banca y de las corporaciones.

– Abrirse a lo nuevo. Es una ley tan inmutable como eterna: tarde o temprano, lo viejo muere, dando paso a lo nuevo. Si bien es cierto que están desapareciendo sectores, compañías y trabajos industriales, en paralelo están emergiendo otros nuevos, relacionados con la creatividad y la innovación. Además, gracias al imparable avance de las nuevas tecnologías, poco a poco se va transformando radicalmente cómo hacemos lo que hacemos, facilitando que logremos hacer cosas que no sabíamos que podíamos hacer. Así es como los sectores, empresas y profesiones de éxito pasado se ven superados por nuevas propuestas más eficientes y de mayor calidad que las destruyen. A este fenómeno se le denomina “destrucción creativa”, un término popularizado en el siglo XX por Joseph Schumpeter.

– Vencer el miedo al cambio. El mayor freno para cambiar es el temor a soltar lo que creemos que tenemos. En eso consiste precisamente salir de nuestra zona de comodidad. Algunos lo llaman “dar un salto al vacío”. Y otros, “la travesía por el desierto”. Sentir dicha incomodidad nos confronta con todos nuestros miedos inconscientes. Tememos salirnos de la corriente y seguir nuestro propio camino. Tememos equivocarnos, fracasar y hacer el ridículo. Y tememos lo que la gente de nuestro entorno pueda pensar de nosotros.

– Cuestionar la forma de pensar. El actual escenario de crisis sistémica nos está diciendo alto y bien claro que está todo por hacer. Todo por reinventarse. Por eso es fundamental que este proceso de destrucción creativa suceda a nivel individual, en nuestra propia mentalidad. Es hora de que mueran nuestras viejas creencias para permitir que nazcan las nuevas que están por venir. De ahí la importancia de cuestionarnos a nosotros mismos, cuestionando un sistema de creencias que dábamos por inamovible y completamente cierto. Si no rompemos con la inercia ahora, cuando concluya el periodo de crisis puede que sea demasiado tarde.

– Analizar detenidamente la situación. Más allá de la connotación tan negativa que suele asociarse a la “crisis”, su etimología muestra su auténtico significado. El ideograma chino que ilustra esta palabra –“crisis”– está compuesto por dos figuras: una significa “peligro”, y la otra, “oportunidad”. A su vez, procede del vocablo griego krisis, que deriva del verbo krinein, que quiere decir “juzgar” y “decidir”. Este verbo también ha dado lugar a sustantivos como “crítica” y “criterio”. Así, la crisis podría definirse como un momento decisivo dentro de cualquier proceso individual o colectivo, tanto psicológico como económico. En el fondo, es una invitación para hacer una pausa y reflexionar acerca del rumbo que está tomando nuestra existencia. Y a poder ser, decidir sabiamente el siguiente paso que hemos de dar para seguir evolucionando como especie y prosperando como civilización.

– Aprender de los errores. Toda crisis requiere que la afrontemos con honestidad y humildad. Por más que le duela al ego, hemos de mirarnos en el espejo y ser autocríticos. ¿Cuál es nuestra parte de responsabilidad? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Qué podemos aprender al respecto? Hemos de asumir las decisiones que tomamos en el pasado, pues son muy cómplices del tipo de circunstancias que estamos cosechando en el presente. Si no aprendemos de nuestros errores, tarde o temprano volveremos a cometerlos. La crisis seguirá latente en nosotros. Y la vida seguirá dándonos las bofetadas que necesitamos para que espabilemos de una vez, aprendiendo lo que ha venido a enseñarnos.

– Crecer como seres humanos. No podemos resolver un problema desde el mismo nivel de comprensión desde el que lo creamos. Los verdaderos obstáculos están en nuestra mente, no en la realidad. Ahí afuera solo encontraremos el reflejo de nuestras limitaciones mentales. Frente a la crisis, no sirve de nada la queja, el victimismo y la culpa. Todo el tiempo y la energía que dedicamos a cambiar aquello que no podemos transformar (la realidad externa) lo estamos malgastando para transformar aquello que sí podemos cambiar: la realidad interna, esto es, nuestra visión del mundo y nuestra actitud frente a nuestras circunstancias. Aunque en un primer momento no lo parezca, siempre hay otras vías y sendas por explorar.

Para poder llevar estos aprendizajes a la práctica, hemos de empezar por invertir en nosotros mismos, en nuestra educación. Cuanto mayor sea la calidad de nuestro conocimiento, mejores serán las decisiones que tomemos y también los resultados que obtengamos. La buena noticia es que hoy día la información es libre, abundante y gratuita. Gracias a las nuevas tecnologías, está a golpe de clic. Saquémosle el polvo a nuestra curiosidad. Podemos empezar yendo a una conferencia, asistiendo a un curso o leyendo un libro. Hemos de formarnos para poder adoptar una actitud vital mucho más responsable, proactiva y emprendedora. En este marco de adversidad, caos e incertidumbre hay muchos individuos que están agudizando su ingenio para detectar las oportunidades existentes; oportunidades que la mayoría –cegada por el miedo y la ignorancia– no es capaz de ver.

Por más que nos lo intenten hacer creer legislación tras legislación, no son los políticos los que cambian nuestra vida. Somos nosotros, los ciudadanos. Y no con nuestro voto, sino con nuestras decisiones y acciones. La crisis actual es una oportunidad para hacernos cargo de nosotros mismos. El cambio de mentalidad individual es lo que de verdad transforma la sociedad y el sistema. Asumamos de una vez que la seguridad externa no existe. Y que hoy día no nos queda más remedio que elegir entre dos incertidumbres: la de esperar que otros resuelvan nuestros problemas o la de comprometernos con aprender a resolverlos por nosotros mismos.

Articulo publicado en http://elpais.com/elpais/2015/08/31/eps/1441032441_098096.html

El arte de comprar y vender bonos

JORGE RODRÍGUEZ
 salud-dinero-finanzas-personales

Los bonos son instrumentos de inversión del mercado de valores muy importantes e interesantes de incluir en la estrategia de inversión de cualquier persona. Los bonos nos ayudan a diversificar la inversión y a invertir en un instrumento de renta fija con características muy distintas de cualquier otro tipo de inversión. La realidad es que comprar o vender un bono no es un arte, es muy sencillo y una vez se entiende el concepto es una herramienta de inversión muy buena y correcta en muchos sentidos. El error más común al invertir en un bono, no importa si es del Gobierno o corporativo, es asumir que la inversión en el mismo se debe mantener hasta el plazo de vencimiento del bono.

Uno de los aspectos más importantes e interesantes de los bonos es precisamente la liquidez que tienen estos.  Cuando me refiero a liquidez me refiero a la posibilidad de venderlo o comprarlo en cualquier momento en lo que se denomina mercado secundario (el mercado donde se negocian los instrumentos del mercado de valores después de la emisión y colocación primaria o cuando se venden por primera vez los bonos).  Esta característica es una de las más importantes al tomar la decisión de incluir un bono dentro de una cartera de inversión.  Muchas personas dejan de aprovechar buenas oportunidades de tasas o rendimientos que se pueden conseguir con bonos de largo plazo solo por el plazo que tiene el mismo.  Muchas veces le gusta el emisor y el rendimiento pero entienden que el plazo es muy largo. Este es un error muy común entre los inversionistas que aun no tienen una cultura bursátil o de mercado de valores. Es muy importante tomar en consideración el plazo de una emisión al momento de tomar una decisión. El plazo de un bono debe de ser considerado tomando en cuenta las tasas pasivas del mercado, así como las oportunidades existentes en este momento. El plazo es muy importante al tomar una decisión de inversión pero siempre que sea desde el punto de vista del mercado y de las proyecciones de tasas que se tenga en el momento. El plazo del bono no debe de ser evaluado como punto de partida para obtener la liquidez del bono, es decir esperar el capital de la inversión al vencimiento. Los bonos en el mercado de valores se pueden vender en cualquier momento.  Un inversionista mantiene una inversión en promedio por 3 años. Es decir, una persona que adquiere una inversión no importa el plazo que tenga la misma en promedio, se queda con esta durante este tiempo. ¿Qué hace después? Pues la vende en el mercado en el momento más oportuno o cuando requiere los fondos para realizar otra inversión.

La inclusión o compra de un bono en una cartera o portafolio de inversiones es sumamente importante. El bono brinda liquidez a una cartera de inversión, muchas veces incrementa significativamente el retorno, y nos da opciones (préstamo de margen, venta y/o compra a futuro, entre otros) que tal vez  otras inversiones no nos brindan. Incluir estas inversiones ya sea con plazos cortos o plazos largos o también de emisores corporativos o del Gobierno, siempre son una excelente opción. Realizar todas las inversiones en inversiones de corto plazo limita las opciones de los clientes y limita el rendimiento y retornos de las inversiones. En pocas palabras, cualquier inversionista que tome este camino y deje a un lado las inversiones en bonos está dejando de percibir ingresos.

Articulo original http://www.listindiario.com/economia/2015/09/29/390014/el-arte-de-comprar-y-vender-bonos

La economía circular encuentra poco a poco a su público

Por Florencia Valdés
La tienda sin dinero.

¿Conoce usted la economía circular? Se trata de intercambiar bienes y servicios sin trueque y casi sin dinero de por medio. Una franja de la sociedad francesa rechaza cada vez más el consumismo desenfrenado y opta por nuevas alternativas.

Día de fiesta en la Plaza de la República en París. El sol calienta los últimos días de septiembre y decenas de iniciativas innovadoras se han dado cita en este sector de la capital francesa.

Entre ellas se encuentra La Boutique sans argent, la tienda sin dinero. Deborah Fischkandl, directora de la Boutique que se encuentra en el Distrito 12 de la capital, cuenta que “cualquier persona puede entrar, traer los objetos que ya no necesita, objetos que están todavía en buen estado. Nosotros somos ese pequeño refugio para esos objetos que pueden tener una segunda vida. Y cualquier persona puede entrar, recorrer la tienda y quizás encontrar algo que le gustaría usar. Puede llevárselo gratuitamente porque es una donación y sin trueque”.

Juguetes, ropa, utensilios de cocina, libros… La Boutique sans argent apenas comienza pero su éxito ya ha sido confirmado. Estas últimas semanas, su directora tuvo que pedirle a su fiel público que dejara de obsequiar sus pertenencias durante algunos días, porque ya no había lugar. Una prueba del interés de la ciudadanía por un consumo más razonable, estima: “Es una iniciativa general de toda la sociedad. Hay cada vez más proyectos que van en ese sentido. En cuanto a las tiendas gratuitas, hay un verdadero desarrollo. En Francia estamos apenas comenzando, no somos la primera tienda de este estilo, ya hay varias en todo el resto del territorio. De cualquier manera estamos encantados porque la notoriedad que se le ha dado a nuestra iniciativa nos ha permitido recibir muchos mensajes de personas que desean montar su propia tienda en su región, lo que augura el desarrollo próximo de varias iniciativas de este tipo en Francia. ¡Y hasta en el extranjero!”, ya que muchos correos electrónicos le llegan de Canadá, México, Argentina…

Mientras tanto, la gente se pasea y encuentra de todo, legos para sus hijos, trajes, payasos de yeso. Pero ¿de qué se trata exactamente la economía circular? Jean-Charles Guinot, de la fundación inglesa Ellen MacArthur dedicada a este concepto, explica que “es una economía restaurativa”: en momentos en que el presente modelo económico lineal de “tomar, hacer, desechar” está llegando al límite de su capacidad física, la economía circular busca que “los productos, sus componentes y materiales mantengan su autoridad y valor” en el tiempo.

No es sólo cosa de altruismo o de ecología, sino de economía. Con 10% de tasa de desempleo y una crisis que dura, el gobierno francés trata desesperadamente de luchar contra ese mal que se está volviendo crónico, con dispositivos muy poco eficientes hasta ahora. Para muchos, parte de la solución se encuentra en la economía circular. Según el Instituto de Economía Circular de Francia, ya más de 600.000 personas trabajan en ese sector. “Lo bueno es que cuesta menos a la empresa porque no necesita comprar materias primas vírgenes pero al mismo tiempo puede emplear más gente para renovar estos productos para volver a ponerlos en el mercado”, sostiene Jean-Charles Guinot.

Una serie de proyectos contribuyen a este nuevo tipo de economía. Ecologic Oil es una compañía de unos diez empleados especializada en la recuperación de aceite. Christine Chantrelle, su secretaria general, explica que recuperan “el aceite alimentario usado en los restaurantes. Luego, esos aceites son tratados para ser transformados en biodiesel. Nosotros hacemos la transformación, limpiamos esos aceites que deben ser purificados antes de ser enviados a las fabricas de biodiesel”. En Francia hay una obligación para todos los restaurantes de desechar limpiamente, por así decirlo, sus aceites. Pero no para los particulares, y es ese campo el que quiere explorar Ecologic Oil con un servicio gratuito: “Todos ponemos aceite para freír en nuestro lavadero, desgraciadamente. Para evitar que se vayan esos aceites a las canalizaciones, queremos recuperarlos en casas de particulares como ya se hace en Italia o en Alemania, ya que su impacto es muy nefasto”.

Hélène Jessua, de la sociedad Ecotextile que recupera prendas y zapatos, cuenta con este tipo de economía para mantener los puestos laborales en el país: “La mayoría de lo que es recuperado va a volver a usarse como ropa, su propósito inicial. Cuando la prenda ya no puede ser usada, se recicla. La materia puede encontrar otros usos en el ámbito de la construcción, por ejemplo. Hoy en día, varios materiales comienzan a desarrollarse a partir de textiles reciclados para fabricar componentes de aislamiento térmico o sonoro. Con la creación de actividades nuevas existe, claro está, la creación de nuevos empleos que no pueden ser deslocalizados”. Se calcula que en Francia la deslocalización destruye unos 36.000 empleos al año.

En el país, la economía circular todavía no es una evidencia, pero en varias regiones, los gobiernos locales le ponen cada vez más atención. Es el caso de la región parisina. Benjamin Draoulec, de Soldating, explica su concepto: “Partimos del principio de que en Ile-de-France, la región a la que pertenece París, producimos más desechos que la cantidad que tenemos de recursos. Decidimos utilizar una parte de la tierra que queda de las construcciones para volverla a utilizar en otras obras. Creamos entonces una plataforma para ayudar a los usuarios a intercambiar entre ellos la tierra en toda Francia”. Benjamin Draoulec afirma que les ha ido tan bien, que pronto se expandirán. Aquí no se trata de gratuidad sino de conservación de las materias primas que es uno de los fundamentos de este tipo de economía. Además se evita importar materiales de proveniencia dudosa.

Si bien este tipo de economía se enfoca en el desarrollo local, el intercambio internacional es fundamental. Es al menos lo que piensan Thomas Guérin Calmettes y su compañero Antoine, jóvenes estudiantes que se interesan por la gestión de la basura. Su proyecto consiste en viajar por el mundo para conocer a empresarios “que están trabajando en la economía circular para trabajar con ellos y caracterizar lo que hacen sobre el desarrollo sostenible así como sus impactos sobre el medio ambiente y las relaciones sociales”. Comenzarán en unos pocos días precisamente en la Ciudad de México en el Mercado de Trueque. Los dos jóvenes comparten el entusiasmo de muchos empresarios que creen que otro tipo de economía es compatible con los modelos existentes.

En Europa, la tendencia se está afirmando y se contagia a otros países del mundo. Según una publicación especializada, permitirá ahorrar globalmente mil millones de dólares en 2025. En Francia habrá que esperar unos años para hacer las cuentas.
articulo via http://www.espanol.rfi.fr/francia/20150929-la-economia-circular-encuentra-poco-poco-su-publico

Lo que se necesita saber para invertir en el mercado de valores

Hay 18 emisores de los sectores eléctrico, financiero, público, multilateral e industrial
En el país hay 17 puestos de bolsa a donde pueden dirigirse las personas interesadas en invertir.
SANTO DOMINGO. Invertir en el mercado de valores es un mecanismo para obtener rentabilidad en los ahorros. En la Bolsa de Valores de la República Dominicana se pueden hacer transacciones de títulos de deuda (bonos) con un monto mínimo de RD$1,000 o US$30 y tienen fechas de vencimiento que van desde un año hasta 15 años.

La Bolsa de Valores de Santo Domingo se creó el 25 de noviembre de 1988 mediante el decreto 544-88 y el 31 de marzo del año 1997, como ya las operaciones se habían extendido a otras provincias, empezó a llamarse Bolsa de Valores de la República Dominicana, según indica su web.

En el país hay 17 puestos de bolsa a donde pueden dirigirse las personas interesadas en invertir. Igualmente hay 18 emisores de los sectores eléctrico, financiero, público, multilateral e industrial.

El puesto de bolsa JMMB respondió las siguientes preguntas sobre la inversión en el mercado de valores:

¿Cuáles transacciones se hacen en los puestos de bolsa locales?

Los puestos de bolsa realizan actividades de intermediación de valores objeto de oferta pública o privada, en el mercado bursátil. Por ejemplo, cuando el Estado emite bonos del Banco Central o del Ministerio de Hacienda los puestos están autorizados para adquirir dichos instrumentos y luego colocarlos al público en general (retail, corporativo, instituciones financieras, entre otras).

¿Cuáles pasos debemos dar si queremos invertir en el mercado de valores?

Para Invertir en el Mercado de Valores debemos dirigirnos a un puesto de bolsa autorizado por la Superintendencia de Valores y registrado en la Bolsa de Valores de la República Dominicana, en donde un Corredor de Valores nos acompaña en el proceso de apertura de cuentas en dicha entidad y la asignación del RNT (tu cédula en el mercado de valores) en CEVALDOM (Central de Valores Dominicana) entidad que custodia todos los títulos de oferta pública del país. Luego de estar registrados pueden realizar sus transacciones.

¿Qué tan rentables pueden ser los títulos de deuda?

Muy rentables. Estos títulos emitidos por el Estado o por empresas privadas le dan acceso al público a generar rendimientos mayores a los instrumentos clásicos y a diversificar sus inversiones.

¿A mayor rentabilidad mayor riesgo?

Sí, visto de forma directamente proporcional. Sin embargo existen mecanismos de mitigar el impacto. Por esto hay que destacar la importancia que tienen los corredores de Puesto de Bolsa (asesores financieros) en educar al inversionista.

¿Cuáles son los riesgos de invertir en el mercado de valores?

Dada la naturaleza del Mercado de Valores dominicano, donde la mayoría de los productos son títulos de deuda, el nivel de riesgo es controlado. Esto porque los títulos en los que se invierte hoy en día tienen todos una calificación de riesgo BBB o mejor, como son los títulos del Banco Central y Ministerio de Hacienda, los cuales tienen categoría AAA (máxima). Los niveles de riesgos son más que aceptables y a la vez están supervisados por la Superintendencia de Valores

¿Y si queremos vender para recuperar el dinero invertido, qué debemos hacer?

A través del mercado secundario, donde todos los días se realizan miles de transacciones, el inversionista siempre tendrá la oportunidad de vender su título, a través de los puestos de bolsa que estén registrados en la Superintendencia de Valores.

Si queremos ser los primeros en adquirir títulos (comprar al emisor), ¿dónde nos enteramos?

Cuando se va a realizar una emisión de oferta pública, el emisor debe colocar el anuncio en medios masivos, por lo que generalmente en los periódicos pueden enterarse, no obstante nosotros como puesto informamos a todos nuestros clientes vía nuestras redes de comunicación.

¿Se emiten acciones de empresas? ¿Qué hace falta para que las empresas se financien con la venta de acciones en el mercado de valores?

En la actualidad, pocas empresas se han motivado; entendemos que en la medida que el mercado se desarrolle ampliamente y que los inversionistas comprueben la celeridad, eficiencia y garantías que se pueden ofrecer se sentirá más cómodo en explorarlo, y en consecuencia las empresas se sentirán complacidas en satisfacer sus necesidades de financiamiento a través de este excelente mecanismo, que además de comprobar su eficiencia, le permitirá mayor nivel de exposición y valoración en el mercado.

articulo vía http://www.diariolibre.com/economia/lo-que-se-necesita-saber-para-invertir-en-el-mercado-de-valores-KE1305297