La Era de la Carne

El consumo de animales es un lujo reciente para la humanidad. Tal vez la alerta de la OMS marque el principio del fin de esta época

El carnicero francés Bastien Nicolas posando con un cerdo. / FRANCOIS GUILLOT (AFP)

La carne se ha vuelto, de pronto, todavía más débil. Ya la atacaban desde varios flancos y ahora, de pronto, el golpe artero: que produce cáncer. Lo sabemos, tratamos de ignorarlo: vivir produce mucho cáncer y estas vidas del siglo XXI producen, sobre todo, paranoicos, ciudadanos tan satisfechos de esas vidas, tan aburridos de esas vidas que viven para conservarlas. Para eso se atrincheran en sí mismos —porque todo lo que viene de fuera puede ser peligroso: humos, sales, azúcares, hidratos, grasas, drogas varias, cuerpos extraños o incluso conocidos—. Y ahora, faltaba más, la carne cancerera.

Dicen que, en el principio, la carne hizo a los hombres: que aquellos animalitos carroñeros que fuimos hace tres millones de años desarrollaron sus mentes gracias a las grasas y proteínas animales que comían cuando encontraban algún cadáver sin terminar. Así fueron mejorando y aprendieron a matar ellos mismos y mejoraron más y descubrieron el fuego y cocinaron y, tan lentos, se hicieron hombres y mujeres. Comían carne cazada y frutos recogidos hasta que, hace unos días, alguien entendió que si enterraba una semilla conseguiría una planta y el mundo se fue volviendo otro, éste: aparecieron la agricultura, las ciudades, los reyes, nuevos dioses, la rueda, los metales, millones de personas, las caries, las clases, la riqueza y sus variadas injusticias. La revolución neolítica cambió todo y, con todo, la alimentación: desde entonces los humanos —salvo, claro, los ricos y famosos— comimos más que nada algún cereal o tubérculo o verdura acompañados de vez en cuando por un trocito o dos de alguna carne. Y así fue, durante diez mil años, hasta que, unas décadas atrás, las sociedades más ricas del planeta entraron en la Era de la Carne.

La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos

Ahora nos parece normal, pero es tan raro: un bistec con patatas, unas salchichas con puré, un pollo con arroz, proteína animal con algún vegetal acompañando, es una inversión del orden histórico, tremendo cambio cultural —y ni siquiera lo pensamos—. Y menos pensamos lo que eso significa como gesto económico, social. No le digan a nadie que lo está diciendo un argentino: comerse un buen bife/chuletón/bistec, un gran trozo de carne, es una de las formas más eficaces de validar y aprovechar un mundo injusto.

Consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan cuatro calorías vegetales para producir una caloría de pollo; seis, para producir una de cerdo; diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero. Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas. Comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—.

Cada vez más gente se empuja para sentarse a la mesa de las carnes —los chinos, por ejemplo, que hace 20 años consumían cinco kilos por persona y por año, y ahora más de 50— porque comer carne te define como un depredador exitoso, un triunfador. En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Hacia 1950 el planeta producía 50 millones de toneladas de carne por año; ahora, casi seis veces más —y se prevé que vuelva a duplicarse en 2030—. Mientras, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz.

Tardará: pero alguna vez, dentro de décadas, un siglo, los historiadores empezarán a mirar atrás y hablarán de estos tiempos —un lapso breve, un suspiro en la historia— como la Era de la Carne

Y aparecen las grietas en el imperio de la carne. Primero fue el imperativo de la salud: cuando nos dijeron que su colesterol nos embarraba el cuerpo. Y ahora, en los barrios más cool de las ciudades ricas, cada vez más señoras y señores rechazan la carne por convicciones varias: que no quieren comer cadáveres, que no quieren ser responsables de esas muertes, que no quieren exigir así a sus cuerpos, que no quieren. Llueve, estos días, sobre mojado: la amenaza del cáncer. Hasta que llegue la imposibilidad más pura y dura: tantos querrán comer su libra de carne que el planeta, agotado, dirá basta.

Tardará: el comercio mundial de alimentos está organizado para concentrar los recursos en beneficio de unos pocos, intereses potentes defenderán sus intereses. Pero alguna vez, dentro de décadas, un siglo, los historiadores empezarán a mirar atrás y hablarán de estos tiempos —un lapso breve, un suspiro en la historia— como la Era de la Carne. Que habrá, entonces, pasado para siempre.

Martín Caparrós es escritor y periodista argentino y autor de Hambre (Anagrama)

¿DEJAMOS LA CARRERA EJECUTIVA Y EMPRENDEMOS UN NEGOCIO?

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[Esta pregunta permitió que se iniciara un diálogo vía electrónica entre los asesores de SmartCoach® y esta pareja. Se presenta a continuación un extracto de este diálogo]

SmartCoach®: Saludos, Pareja Precavida. En este caso, lo primero es preguntarse:
¿Cómo está la salud de su relación de pareja en este momento? Si hay dudas para responder, o la respuesta es negativa, podemos decirles que probablemente lo más conveniente es aplazar la decisión de que uno de ustedes abandone la carrera ejecutiva para emprender un negocio, hasta que se aclare el panorama respecto del futuro estructural de su comunidad familiar. Una vez aclarado este punto, pasamos a otras preguntas, es: ¿qué tan dependientes son ustedes del ingreso que generan en sus respectivos empleos? La información de qué porcentaje del ingreso activo necesitan para cubrir su estilo de vida actual -¿El 70%? ¿El 80%? ¿El 100%? ¿O hasta el 110%?- es muy valiosa para decidir el “cuándo” se toma la decisión.

Pareja Precavida: En nuestro caso, nos sentimos comprometidos y muy unidos como pareja. En cuanto a lo financiero, no malgastamos y hemos construido un buen ahorro.

SmartCoach®: Excelente. Siguiente pregunta: ¿qué tipo de experiencias de ocio ustedes tienen, tanto ordinaria como extraordinariamente?

Pareja Precavida: Usualmente con nuestros hijos y dentro del ambiente de nuestras familias. En realidad, gastamos muy poco en ocio -tanto en lo ordinario como en lo extraordinario-

SmartCoach®: Gracias. Ahí vemos una señal de alerta, pues pudiendo disfrutar de algunos consumos extraordinarios sanos, tal vez se están restringiendo innecesariamente. Esto sucede cuando no tenemos una referencia clara e identificada – que es lo que llamamos el “punto de bienestar” – para saber cuándo sí o cuándo no darnos un gustito extraordinario. Cuando no tenemos esta referencia tendemos a sobre-consumir o a subconsumir, que es probablemente lo que les está sucediendo a ustedes. En cuanto a la decisión, esto es lo que les recomendamos:
Ciertamente, ustedes han construido un perfil de riesgo con alta habilidad para manejar los retos y riesgos de un emprendimiento; sin embargo, esto no quiere decir que estén completamente listos para la decisión. Les proponemos las siguientes “tareas”:

1. Les invitamos a practicar el “saber estar bien”, identificando clara y conscientemente ese “punto de bienestar”, sin consumos exagerados, pero también sin demasiadas restricciones y calculando cuánto cuesta
2. Les sugerimos que se tomen su tiempo para identificar con entera libertad qué empresa o tipo de actividad quieren realizar como emprendimiento. Tengan en cuenta, eso sí, que la actividad estudiada prometa ser sostenible
3. Compren tiempo para permitir que el emprendimiento madure sin presiones. ¿Cómo? De ser posible, aparten un ahorro – aparte de la inversión a realizar en el emprendimiento – de entre 18 meses y 2 años de costos de su punto de bienestar actual. Interpretamos que ustedes han retenido suficientes recursos como para hacerlo.

En 6 meses, conversemos de nuevo. En aquel momento, con informaciones más objetivas y validadas, es muy probable que se sientan en capacidad de emprender un negocio, con la claridad de que el principal objetivo de todas nuestras acciones y de todas nuestras decisiones es el bienestar sostenible. ¡Muy buena suerte!

Publicación http://revistamidinero.com.do/dejamos-la-carrera-ejecutiva-y-emprendemos-un-negocio/

¿Para qué ahorran hombres y mujeres?

Madrid

Las  mujeres prefieren ahorrar para viajes, los hombres para coches

Las metas de consumo avanzan frente a la protección del patrimonio, según Bankinter

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Después de años de sacrificios por la crisis económica, ante la aparente recuperación económica, los hogares sienten que pueden respirar y planificar sus cuentas con algo más de alivio. Hasta el punto que se asigna menos dinero a aumentar su colchón económico y se ahorra más para destinarlo a alguna actividad o producto relacionados con el consumo. Sin embargo, hombres y mujeres tienen, en general, preferencias distintas. Mientras ellas priman los viajes, ellos también se preocupan de acumular capital suficiente para la compra de coches y motos, según se desprende del Análisis del ahorrador online de Coinc, portal de Bankinter.

El estudio ha sido elaborado por Coinc, un portal de la entidad destinado a la organización de los ahorros del hogar. La muestra que han analizado incluye a más de 72.000 clientes. Los usuarios indican a Coinc cuánto quieren ahorrar y para qué destinarán el dinero. La muestra total que se ha usado para el análisis se basa en 65.000 metas de ahorro, para las que se han depositado 800 millones de euros.

El análisis concluye que las metas estrella para este 2015 son las categorías tradicionales de ahorro puro y duro, que aunque retroceden, siguen liderando la clasificación. Le sigue la vivienda, que se mantiene en segundo puesto. A estos destinos habituales, se añaden a continuación los viajes, la electrónica, los regalos y los coches.

¿Para qué ahorramos?

COINC

La mejora de la economía influyó de manera contundente en las decisiones de los ahorradores: el pasado junio, solo el 40% de las nuevas metas abiertas por los clientes de Coinc se inscribían en la categoría del ahorro. Un descenso importante, considerando que a comienzos de 2013 alcanzaba el 65%. Por otro lado, los viajes representaron el segundo objetivo más cotizado durante el mes pasado, al representar el 16% de las nuevas preferencias, seguidos por artículos de electrónica (10%) y regalos (6,9%).

Si se considera el conjunto de los objetivos desde su apertura, el ahorro sigue representando el grueso de las preferencias de los españoles y acapara más del 56% de las metas, seguido por la vivienda (9,4%), que en los últimos años se ha mantenido estable —oscilando entre un 8% y un 10%—, y los viajes (8,9%).

COINC

¿En qué se diferencian mujeres y hombres?

Puede sonar a tópico, pero según concluye el análisis, las mujeres ahorran más para los hijos y la boda, los viajes y los artículos de moda, mientras los hombres privilegian los coches, las motos y los productos de electrónica. O por lo menos estos son los hábitos que marcan de media los 72.000 clientes de Coinc. En cuanto a la vivienda y los regalos, los porcentajes son equivalentes para ambos sexos.

En detalle, el 53% de los objetivos de ahorro de las mujeres se incluye en la categoría de la protección del patrimonio, el 12% coincide con los viajes, el 9% con la vivienda, el 5% con coches y motos y el 3% se relaciona con la formación, los hijos y los regalos.

Por otro lado, los hombres abren un 55% de las metas para ahorrar, un 9% para viajes y vivienda, un 7% para coches y motos y un 4% para artículos de electrónica. Estos porcentajes van cambiando según la edad: si los menores de 25 privilegian categorías como los viajes, los regalos o los coches, los usuarios entre los 35 y los 44 están más preocupadas por los hijos y la vivienda, y los mayores de 50, por el ahorro en sí.

COINC

¿Cuánto se destina a cada objetivo de ahorro?

Lo que también refleja una mayor propensión al consumo es el descenso en los importes destinados a cada objetivo de ahorro: todos han bajado, salvo los relacionados con los viajes —en promedio los ahorradores asignan 12.400 euros a esta meta— y con la categoría residual otros gastos. En este contexto, los capítulos que reciben más dinero son el ahorro (27.900) y la vivienda (30.900), pese a que los montantes hayan disminuido.

El informe también destaca que, según la edad y el sexo, cambian los hábitos y la propensión al ahorro. Las mujeres guardan más dinero antes de los 25 años y a partir de los 55 años. Los hombres ahorran más entre los 25 y los 55 años.

Tanto entre hombres como entre mujeres, el porcentaje de ahorro va incrementándose con la edad, a un ritmo de unos 300 euros al año por persona. Un ahorrador mayor de 65 posee, de media, el triple de ahorros que un veinteañero.

En cuanto a distribución geográfica, País Vasco, Castilla-León y Madrid son las comunidades que registran el mayor ahorro medio por usuario (un promedio de 15.000 euros); Melilla, Cataluña y Canarias las que menos (unos 10.000 euros).

Fuente http://economia.elpais.com/economia/2015/07/28/actualidad/1438077574_499769.html

Del “guardao” a la cultura del ahorro

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Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

Contrario a lo que podemos pensar – o sentir – la realidad es que la mayoría de nosotros tiene capacidad para ahorrar.  Incluso, probablemente muchos de nosotros logramos retener parte de nuestro ingreso, como una forma de “guardar pan para mayo”.

Tener esta capacidad y llevarla a la práctica es, desde luego, muy importante.  Ahora bien, comprender el valor que tiene este ahorro líquido como regulador y sostén del bienestar frente a los riesgos es lo que nos acerca a una verdadera cultura del ahorro.

He aquí un par de reflexiones al respecto.

  • Ahorrar con un fin específico – una adquisición de un activo, un consumo extraordinario – es algo bueno. Sin embargo, el primer objetivo del ahorro es proveernos de habilidad frente a los riesgos que la vida nos traerá.  Por lo tanto, cualquier decisión que tomemos no debe implicar que nos quedemos sin ahorros, pues quedaríamos muy vulnerables frente a cualquier evento.
  • Por otro lado, otro gran beneficio del ahorro es que nos da la capacidad para usar el crédito como un apalancamiento y no como un simple – y costoso – adelanto de excedentes futuros.  Esto quiere decir que usar un crédito para financiar parcialmente la adquisición de un activo no es una mala idea, pues implicará que protegemos una porción mayor de nuestro ahorro líquido.
  • Esto implica que cualquier decisión diferente de cubrir nuestra vida ordinaria debe partir del ahorro, y no del ingreso, lo cual entraña un enorme cambio de mentalidad.

¿Crédito sin ahorro?

Un escenario del que debemos cuidarnos es aquel en que adquirimos un activo no productivo – vehículo, vivienda – y nos quedamos sin ahorros y, además, con un crédito.  Esta combinación implica más carga para tus ingresos – y, por tanto, más riesgo – sin el atenuante de la reserva como “colchón” frente a las fluctuaciones. Sería, más o menos, equivalente a caminar por un alambre sin red.

El ‘crowdfunding’ llega al ladrillo y permite invertir desde 500 euros

Dos emprendedores españoles han creado la primera plataforma de financiación colectiva en España donde los inversores pueden diversificar en tantas viviendas como quieran y financiar proyectos de construcción y reforma

“El objetivo es doble: que la gente que tradicionalmente no podía invertir en este sector (ya que se necesita mucho dinero) pueda hacerlo ahora desde 500 euros comprando viviendas o prestando dinero a los promotores; y que sea un complemento a la financiación para que los promotores no dependan exclusivamente del banco”, señala Antonio Brusola, uno de los fundadores de Housers.es.

La cantidad mínima de inversión en la participación de la compra de viviendas, locales y naves industriales es de 500 euros. La compañía ya ha adaptado sus sistemas para poner los límites de inversión que indica la nueva ley de crowdfunding. Así, los inversores no acreditados tienen un límite de 3.000 euros por proyecto y un máximo de 10.000 euros invertidos en un periodo de 12 meses en la plataforma, mientras que los inversores acreditados no tienen límites

DOS MIL EUROS EN VARIAS VIVIENDAS

La plataforma facilita la diversificación de la inversión en diferentes viviendas para minimizar los riesgos. El inversor puede optar por invertir 2.000 euros en un solo proyecto o pequeñas inversiones de 500 euros en cuatro proyectos distintos. “Si quieres invertir 18.000 euros podrías diversificar hasta en 36 inmuebles, con lo que tu riesgo disminuye”, explica Brusola.

Cada proyecto tiene una rentabilidad diferente por el alquiler o venta de la vivienda. El inmueble puede venderse cuando se haya alcanzado el objetivo de la revalorización marcada o cuando se haya alcanzado el plazo de venta, en este caso a precio de mercado. Sin embargo, los inversores pueden prorrogar la comercialización si no se alcanza el valor de revalorización propuesto.

Housers también permite a los pequeños inversores vender sus participaciones en un market place interno, lo que proporciona liquidez. Se puede hacer a través de la plataforma online. Otra opción es la de invertir en proyectos enfocados a la construcción o reforma de la vivienda para su posterior venta. Bajo este modelo de inversión en modo de préstamo, los inversores participan en proyectos como las reformas de inmuebles, las rehabilitaciones de edificios o la construcción de viviendas, chalés o adosados.

PISO CON RENTABILIDAD DEL 67,8%

De momento, hay dos proyectos en fase de inversión, abiertos durante los proximos 55 días. Uno es la compra de una vivienda de 46 metros y dos dormitorios en la zona de Avenida de la Albufera de Madrid, alquilada al 5,96% de rentabilidad anual y que requiere una inversión de 80.500 euros. Se pretende realizar una reforma de 8.000 euros en un año y de esta manera poder alquilarla en 450 euros al mes, consiguiendo un rentabilidad anual del 6,7%. “Con esta reforma se tendría una vivienda totalmente actual y a estrenar por lo que estimamos tenerla en alquiler un máximo de cinco años hasta alcanzar una revalorización en la venta de más del 35%, teniendo que subir el inmueble solo un 14% (incluyendo gastos de reforma) en el periodo”, se explica en la web. La rentabilidad bruta esperada de la operación para un periodo de cinco años es de un 67,8%.

La plataforma prevé captar más de 300 millones de inversión en los tres próximos años y conseguir más de 1.500 viviendas para que sean compradas por sus inversores. Las viviendas seleccionadas se buscan en agencias inmobiliarias, consultores, particulares o promotores en ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia.

Estos emprendedores calculan que el mercado del crowdfunding en España alcance más de 250 millones de euros en 2016, de los cuales el 15% se destinará al sector inmobiliario. “Dada la corrección que se ha producido en el sector inmobiliario, y que algunas fuentes cifran en más del 40% para la vivienda, en estos momentos existen grandes oportunidades de inversión, con una buena relación riesgo-beneficio, siendo la inversión en inmobiliario una de las más recomendadas entre una multitud de activos”, indican desde Housers.es, que dispone de una sede central en Madrid y tiene previsto abrir en breve delegaciones en Barcelona y Valencia.

link articulo http://economia.elpais.com/economia/2015/07/22/vivienda/1437555889_926508.html

Claves para una rutina financiera sana

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

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Cuando adquirimos cultura financiera, comprendemos que las situaciones relacionadas con dinero son consecuencias – y no causas – de cómo gestionamos nuestro movimiento financiero y los riesgos de nuestras vidas.  Aceptando que siempre habrá eventos inesperados que afectarán nuestros planes – la vida no cabe en una hoja electrónica – la calidad de esta gestión financiera y de riesgos está íntimamente ligada a nuestra rutina financiera.  De hecho, puede afirmarse que la rutina importa tanto o más que el nivel de ingreso.

Para comprender cómo construir nuestra rutina financiera, el símil con la creación de una rutina de ejercicios es muy útil.  Así como es recomendable, por ejemplo, hacerte un chequeo de salud antes de inscribirte en el gimnasio, debes comenzar por conocer tu estado de salud financiera actual.

A partir del diagnóstico, ya puedes construir una primera rutina de ejercicios, que consistirá en el uso de determinadas “máquinas”, las cuales serán escogidas teniendo en cuenta el objetivo que tienes en cada fase de tu desarrollo como aficionado al fitness.  Al principio, crear resistencia pulmonar; luego fortalecer aquellas partes más débiles del cuerpo, y así sucesivamente, procurando ser constantes en el esfuerzo y cuidadosos para evitar una lesión.

El equivalente del piso de máquinas del gimnasio en la rutina financiera es nuestro mapa de cuentas.  La experiencia nos ha enseñado que es mucho más eficaz usar cuentas separadas para “ejercitar” diferentes “músculos” financieros.

En la próxima entrega, explicaremos en detalle este mapa de cuentas.

El mapa de cuentas

Está conformado por, al menos, cuatro cuentas: una cuenta para ingresos (que no se usa directamente para los gastos, pues esto ayudará a regularlos de manera eficaz, “separándolos” de los ingresos), una cuenta para los costos ordinarios  (que permite gestionarlos de forma consciente y estratégica), otra para gastos no recurrentes (seguros, regalos, cumpleaños, vacaciones, adquisiciones, etc.) y otra para acumular los excedentes del periodo.

La importancia de una rutina financiera sana

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

 Nuestras vidas giran alrededor de una rutina, estemos o no conscientes de ello.  Y no es que esto tenga nada de malo.  Simplemente sucede.  El horario de trabajo o de estudios, las costumbres del hogar – cuando y qué comemos, cuánto y en qué momento dormimos – se convierten en un movimiento continuo con cierta rutina implícita.

Es posible, desde luego, cambiar las rutinas o construir algunas nuevas.  Un ejemplo perfecto es cuando nos proponemos asumir una rutina de ejercicios.  Hacerlo requiere vencer la inercia de la vieja rutina, lo cual siempre implica un pequeño trauma.  Al principio te duele, te cuesta – puedes llegar incluso a renegar del objetivo – pero si persistes habrás incorporado uno de los hábitos más beneficiosos que podemos tener: hacer ejercicio por gusto… y por rutina.

Exactamente igual sucede con la gestión de nuestras finanzas.  Contrario a lo que podemos pensar,  el bienestar sostenible no tiene que ver solamente con nuestro talento, con nuestra disposición o con la generación de ingresos privilegiados.  En realidad, necesitamos una rutina financiera que favorezca el bienestar y no lo sabotee.

¿Por dónde comenzar?  Lo primero es comprender nuestra situación financiera actual, partiendo de una observación consciente de las entradas y salidas de dinero.  Este diagnóstico, que se construye a partir de la observación, constituye en sí mismo un cambio de ritmo y es el primer paso en el camino para esa nueva rutina financiera.

En la próxima entrega, presentaremos los siguientes pasos.

Solo hazlo

Mantener una buena rutina financiera – aunque inicialmente te la impongas de forma mecánica – aumentará la probabilidad de obtener y mantener el nivel de vida que deseas.  Es igual que con los ejercicios: aun cuando no entiendas bien por qué haces tal o cual ejercicio, hazlo hasta que tus músculos se habitúen y puedas dominar la rutina.  Con el dinero sucede igual: observa y aprenderás.