La Era de la Carne

El consumo de animales es un lujo reciente para la humanidad. Tal vez la alerta de la OMS marque el principio del fin de esta época

El carnicero francés Bastien Nicolas posando con un cerdo. / FRANCOIS GUILLOT (AFP)

La carne se ha vuelto, de pronto, todavía más débil. Ya la atacaban desde varios flancos y ahora, de pronto, el golpe artero: que produce cáncer. Lo sabemos, tratamos de ignorarlo: vivir produce mucho cáncer y estas vidas del siglo XXI producen, sobre todo, paranoicos, ciudadanos tan satisfechos de esas vidas, tan aburridos de esas vidas que viven para conservarlas. Para eso se atrincheran en sí mismos —porque todo lo que viene de fuera puede ser peligroso: humos, sales, azúcares, hidratos, grasas, drogas varias, cuerpos extraños o incluso conocidos—. Y ahora, faltaba más, la carne cancerera.

Dicen que, en el principio, la carne hizo a los hombres: que aquellos animalitos carroñeros que fuimos hace tres millones de años desarrollaron sus mentes gracias a las grasas y proteínas animales que comían cuando encontraban algún cadáver sin terminar. Así fueron mejorando y aprendieron a matar ellos mismos y mejoraron más y descubrieron el fuego y cocinaron y, tan lentos, se hicieron hombres y mujeres. Comían carne cazada y frutos recogidos hasta que, hace unos días, alguien entendió que si enterraba una semilla conseguiría una planta y el mundo se fue volviendo otro, éste: aparecieron la agricultura, las ciudades, los reyes, nuevos dioses, la rueda, los metales, millones de personas, las caries, las clases, la riqueza y sus variadas injusticias. La revolución neolítica cambió todo y, con todo, la alimentación: desde entonces los humanos —salvo, claro, los ricos y famosos— comimos más que nada algún cereal o tubérculo o verdura acompañados de vez en cuando por un trocito o dos de alguna carne. Y así fue, durante diez mil años, hasta que, unas décadas atrás, las sociedades más ricas del planeta entraron en la Era de la Carne.

La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos

Ahora nos parece normal, pero es tan raro: un bistec con patatas, unas salchichas con puré, un pollo con arroz, proteína animal con algún vegetal acompañando, es una inversión del orden histórico, tremendo cambio cultural —y ni siquiera lo pensamos—. Y menos pensamos lo que eso significa como gesto económico, social. No le digan a nadie que lo está diciendo un argentino: comerse un buen bife/chuletón/bistec, un gran trozo de carne, es una de las formas más eficaces de validar y aprovechar un mundo injusto.

Consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan cuatro calorías vegetales para producir una caloría de pollo; seis, para producir una de cerdo; diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero. Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas. Comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—.

Cada vez más gente se empuja para sentarse a la mesa de las carnes —los chinos, por ejemplo, que hace 20 años consumían cinco kilos por persona y por año, y ahora más de 50— porque comer carne te define como un depredador exitoso, un triunfador. En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Hacia 1950 el planeta producía 50 millones de toneladas de carne por año; ahora, casi seis veces más —y se prevé que vuelva a duplicarse en 2030—. Mientras, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz.

Tardará: pero alguna vez, dentro de décadas, un siglo, los historiadores empezarán a mirar atrás y hablarán de estos tiempos —un lapso breve, un suspiro en la historia— como la Era de la Carne

Y aparecen las grietas en el imperio de la carne. Primero fue el imperativo de la salud: cuando nos dijeron que su colesterol nos embarraba el cuerpo. Y ahora, en los barrios más cool de las ciudades ricas, cada vez más señoras y señores rechazan la carne por convicciones varias: que no quieren comer cadáveres, que no quieren ser responsables de esas muertes, que no quieren exigir así a sus cuerpos, que no quieren. Llueve, estos días, sobre mojado: la amenaza del cáncer. Hasta que llegue la imposibilidad más pura y dura: tantos querrán comer su libra de carne que el planeta, agotado, dirá basta.

Tardará: el comercio mundial de alimentos está organizado para concentrar los recursos en beneficio de unos pocos, intereses potentes defenderán sus intereses. Pero alguna vez, dentro de décadas, un siglo, los historiadores empezarán a mirar atrás y hablarán de estos tiempos —un lapso breve, un suspiro en la historia— como la Era de la Carne. Que habrá, entonces, pasado para siempre.

Martín Caparrós es escritor y periodista argentino y autor de Hambre (Anagrama)

¿DEJAMOS LA CARRERA EJECUTIVA Y EMPRENDEMOS UN NEGOCIO?

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[Esta pregunta permitió que se iniciara un diálogo vía electrónica entre los asesores de SmartCoach® y esta pareja. Se presenta a continuación un extracto de este diálogo]

SmartCoach®: Saludos, Pareja Precavida. En este caso, lo primero es preguntarse:
¿Cómo está la salud de su relación de pareja en este momento? Si hay dudas para responder, o la respuesta es negativa, podemos decirles que probablemente lo más conveniente es aplazar la decisión de que uno de ustedes abandone la carrera ejecutiva para emprender un negocio, hasta que se aclare el panorama respecto del futuro estructural de su comunidad familiar. Una vez aclarado este punto, pasamos a otras preguntas, es: ¿qué tan dependientes son ustedes del ingreso que generan en sus respectivos empleos? La información de qué porcentaje del ingreso activo necesitan para cubrir su estilo de vida actual -¿El 70%? ¿El 80%? ¿El 100%? ¿O hasta el 110%?- es muy valiosa para decidir el “cuándo” se toma la decisión.

Pareja Precavida: En nuestro caso, nos sentimos comprometidos y muy unidos como pareja. En cuanto a lo financiero, no malgastamos y hemos construido un buen ahorro.

SmartCoach®: Excelente. Siguiente pregunta: ¿qué tipo de experiencias de ocio ustedes tienen, tanto ordinaria como extraordinariamente?

Pareja Precavida: Usualmente con nuestros hijos y dentro del ambiente de nuestras familias. En realidad, gastamos muy poco en ocio -tanto en lo ordinario como en lo extraordinario-

SmartCoach®: Gracias. Ahí vemos una señal de alerta, pues pudiendo disfrutar de algunos consumos extraordinarios sanos, tal vez se están restringiendo innecesariamente. Esto sucede cuando no tenemos una referencia clara e identificada – que es lo que llamamos el “punto de bienestar” – para saber cuándo sí o cuándo no darnos un gustito extraordinario. Cuando no tenemos esta referencia tendemos a sobre-consumir o a subconsumir, que es probablemente lo que les está sucediendo a ustedes. En cuanto a la decisión, esto es lo que les recomendamos:
Ciertamente, ustedes han construido un perfil de riesgo con alta habilidad para manejar los retos y riesgos de un emprendimiento; sin embargo, esto no quiere decir que estén completamente listos para la decisión. Les proponemos las siguientes “tareas”:

1. Les invitamos a practicar el “saber estar bien”, identificando clara y conscientemente ese “punto de bienestar”, sin consumos exagerados, pero también sin demasiadas restricciones y calculando cuánto cuesta
2. Les sugerimos que se tomen su tiempo para identificar con entera libertad qué empresa o tipo de actividad quieren realizar como emprendimiento. Tengan en cuenta, eso sí, que la actividad estudiada prometa ser sostenible
3. Compren tiempo para permitir que el emprendimiento madure sin presiones. ¿Cómo? De ser posible, aparten un ahorro – aparte de la inversión a realizar en el emprendimiento – de entre 18 meses y 2 años de costos de su punto de bienestar actual. Interpretamos que ustedes han retenido suficientes recursos como para hacerlo.

En 6 meses, conversemos de nuevo. En aquel momento, con informaciones más objetivas y validadas, es muy probable que se sientan en capacidad de emprender un negocio, con la claridad de que el principal objetivo de todas nuestras acciones y de todas nuestras decisiones es el bienestar sostenible. ¡Muy buena suerte!

Publicación http://revistamidinero.com.do/dejamos-la-carrera-ejecutiva-y-emprendemos-un-negocio/

¿Para qué ahorran hombres y mujeres?

Madrid

Las  mujeres prefieren ahorrar para viajes, los hombres para coches

Las metas de consumo avanzan frente a la protección del patrimonio, según Bankinter

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Después de años de sacrificios por la crisis económica, ante la aparente recuperación económica, los hogares sienten que pueden respirar y planificar sus cuentas con algo más de alivio. Hasta el punto que se asigna menos dinero a aumentar su colchón económico y se ahorra más para destinarlo a alguna actividad o producto relacionados con el consumo. Sin embargo, hombres y mujeres tienen, en general, preferencias distintas. Mientras ellas priman los viajes, ellos también se preocupan de acumular capital suficiente para la compra de coches y motos, según se desprende del Análisis del ahorrador online de Coinc, portal de Bankinter.

El estudio ha sido elaborado por Coinc, un portal de la entidad destinado a la organización de los ahorros del hogar. La muestra que han analizado incluye a más de 72.000 clientes. Los usuarios indican a Coinc cuánto quieren ahorrar y para qué destinarán el dinero. La muestra total que se ha usado para el análisis se basa en 65.000 metas de ahorro, para las que se han depositado 800 millones de euros.

El análisis concluye que las metas estrella para este 2015 son las categorías tradicionales de ahorro puro y duro, que aunque retroceden, siguen liderando la clasificación. Le sigue la vivienda, que se mantiene en segundo puesto. A estos destinos habituales, se añaden a continuación los viajes, la electrónica, los regalos y los coches.

¿Para qué ahorramos?

COINC

La mejora de la economía influyó de manera contundente en las decisiones de los ahorradores: el pasado junio, solo el 40% de las nuevas metas abiertas por los clientes de Coinc se inscribían en la categoría del ahorro. Un descenso importante, considerando que a comienzos de 2013 alcanzaba el 65%. Por otro lado, los viajes representaron el segundo objetivo más cotizado durante el mes pasado, al representar el 16% de las nuevas preferencias, seguidos por artículos de electrónica (10%) y regalos (6,9%).

Si se considera el conjunto de los objetivos desde su apertura, el ahorro sigue representando el grueso de las preferencias de los españoles y acapara más del 56% de las metas, seguido por la vivienda (9,4%), que en los últimos años se ha mantenido estable —oscilando entre un 8% y un 10%—, y los viajes (8,9%).

COINC

¿En qué se diferencian mujeres y hombres?

Puede sonar a tópico, pero según concluye el análisis, las mujeres ahorran más para los hijos y la boda, los viajes y los artículos de moda, mientras los hombres privilegian los coches, las motos y los productos de electrónica. O por lo menos estos son los hábitos que marcan de media los 72.000 clientes de Coinc. En cuanto a la vivienda y los regalos, los porcentajes son equivalentes para ambos sexos.

En detalle, el 53% de los objetivos de ahorro de las mujeres se incluye en la categoría de la protección del patrimonio, el 12% coincide con los viajes, el 9% con la vivienda, el 5% con coches y motos y el 3% se relaciona con la formación, los hijos y los regalos.

Por otro lado, los hombres abren un 55% de las metas para ahorrar, un 9% para viajes y vivienda, un 7% para coches y motos y un 4% para artículos de electrónica. Estos porcentajes van cambiando según la edad: si los menores de 25 privilegian categorías como los viajes, los regalos o los coches, los usuarios entre los 35 y los 44 están más preocupadas por los hijos y la vivienda, y los mayores de 50, por el ahorro en sí.

COINC

¿Cuánto se destina a cada objetivo de ahorro?

Lo que también refleja una mayor propensión al consumo es el descenso en los importes destinados a cada objetivo de ahorro: todos han bajado, salvo los relacionados con los viajes —en promedio los ahorradores asignan 12.400 euros a esta meta— y con la categoría residual otros gastos. En este contexto, los capítulos que reciben más dinero son el ahorro (27.900) y la vivienda (30.900), pese a que los montantes hayan disminuido.

El informe también destaca que, según la edad y el sexo, cambian los hábitos y la propensión al ahorro. Las mujeres guardan más dinero antes de los 25 años y a partir de los 55 años. Los hombres ahorran más entre los 25 y los 55 años.

Tanto entre hombres como entre mujeres, el porcentaje de ahorro va incrementándose con la edad, a un ritmo de unos 300 euros al año por persona. Un ahorrador mayor de 65 posee, de media, el triple de ahorros que un veinteañero.

En cuanto a distribución geográfica, País Vasco, Castilla-León y Madrid son las comunidades que registran el mayor ahorro medio por usuario (un promedio de 15.000 euros); Melilla, Cataluña y Canarias las que menos (unos 10.000 euros).

Fuente http://economia.elpais.com/economia/2015/07/28/actualidad/1438077574_499769.html

Atiende la causa y cambiarás la consecuencia

Money and plant.

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

Cuando incorporamos la perspectiva de la cultura financiera a nuestra vida, rápidamente comprendemos que todas las situaciones que tienen que ver con dinero – las buenas y las no tan buenas – son consecuencias de decisiones o de eventos.  Prácticamente en ningún caso, constituyen causas en sí mismas.

Es evidente, por tanto, que si queremos cambiar nuestra situación financiera – esto es, la consecuencia – es casi seguro que debemos cambiar el causante, el cual es el proceso por el que tomamos nuestras decisiones relacionadas con dinero.

Esto, desde luego, se dice más fácil de lo que es, especialmente si tomamos en cuenta lo que sugieren las investigaciones recientes en el campo de la neurociencia: en términos prácticos, todas nuestras decisiones son irracionales – tremendamente sesgadas por emociones, ideas preconcebidas o, incluso, programación cultural – incluyendo aquellas decisiones que pensamos que son completamente racionales.

¿Cómo, entonces, cambiar hábitos enraizados por nuevas conductas y por mejores decisiones?

La observación objetiva de nuestro flujo de caja nos permite detectar las decisiones – y los hábitos – que están causando un desbalance financiero.  Esa es la parte fácil.

La parte difícil es, claro, cambiar el hábito.  Una ayuda para lograrlo es aceptar el rol que juegan las emociones en las decisiones y tratar de convertirlas en aliadas del proceso.  Plantearse preguntas previamente definidas ante cada decisión de compra puede ayudar. Algunos ejemplos: ¿Necesidad o deseo?  Si es un deseo, ¿ayuda a mi bienestar? ¿Qué pasaría si postergo – o elimino – la decisión?

12 semanas

Es el tiempo que debes sostener una conducta nueva para que se convierta en un hábito.  Parece mucho tiempo, y ciertamente requiere disciplina, pero vale la pena.  El premio de obtener buenos hábitos de consumo es invaluable, pues una vez una conducta se convierte en hábito, se reduce la influencia de las emociones y de otros factores – como la presión social – en nuestras decisiones.

La importancia de una rutina financiera sana

Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.                                                

 Nuestras vidas giran alrededor de una rutina, estemos o no conscientes de ello.  Y no es que esto tenga nada de malo.  Simplemente sucede.  El horario de trabajo o de estudios, las costumbres del hogar – cuando y qué comemos, cuánto y en qué momento dormimos – se convierten en un movimiento continuo con cierta rutina implícita.

Es posible, desde luego, cambiar las rutinas o construir algunas nuevas.  Un ejemplo perfecto es cuando nos proponemos asumir una rutina de ejercicios.  Hacerlo requiere vencer la inercia de la vieja rutina, lo cual siempre implica un pequeño trauma.  Al principio te duele, te cuesta – puedes llegar incluso a renegar del objetivo – pero si persistes habrás incorporado uno de los hábitos más beneficiosos que podemos tener: hacer ejercicio por gusto… y por rutina.

Exactamente igual sucede con la gestión de nuestras finanzas.  Contrario a lo que podemos pensar,  el bienestar sostenible no tiene que ver solamente con nuestro talento, con nuestra disposición o con la generación de ingresos privilegiados.  En realidad, necesitamos una rutina financiera que favorezca el bienestar y no lo sabotee.

¿Por dónde comenzar?  Lo primero es comprender nuestra situación financiera actual, partiendo de una observación consciente de las entradas y salidas de dinero.  Este diagnóstico, que se construye a partir de la observación, constituye en sí mismo un cambio de ritmo y es el primer paso en el camino para esa nueva rutina financiera.

En la próxima entrega, presentaremos los siguientes pasos.

Solo hazlo

Mantener una buena rutina financiera – aunque inicialmente te la impongas de forma mecánica – aumentará la probabilidad de obtener y mantener el nivel de vida que deseas.  Es igual que con los ejercicios: aun cuando no entiendas bien por qué haces tal o cual ejercicio, hazlo hasta que tus músculos se habitúen y puedas dominar la rutina.  Con el dinero sucede igual: observa y aprenderás.

La felicidad de trabajar de ocho a tres

Martes. Dan las 15.00 en el reloj. Miles de personas empiezan a salir de un edificio en un barrio a las afueras de Madrid. Parece la pausa para comer; en realidad, es la salida del trabajo. No es un día festivo ni un horario especial de Navidad. En esta oficina es lo cotidiano. Ocurre a diario desde 2008. Ese año Iberdrola acordó con su plantilla, unos 9.000 trabajadores, universalizar la jornada intensiva: trabajar de 7.15 a 14.50 con 45 minutos de flexibilidad a la hora de entrar o salir todos los días del año. “La medida podía beneficiar a los trabajadores y era buena para la compañía”, dice Ramón Castresana, director de recursos humanos de la compañía. Seis años después, Castresana, que estuvo al frente de ese cambio, defiende la decisión con cifras: “Hemos mejorado la productividad y ganado más de medio millón de horas de trabajo anuales. Hemos reducido en un 20% el absentismo y un 15% los accidentes laborales”. A pesar de esos números y aunque la empresa cervecera Damm acaba de arrancar un programa semejante, la eléctrica sigue siendo una excepción en España en el sector privado.

Conciliación y salario emocional

  • La jornada continua reduce gasto de las empresas y, de media, aumenta la productividad un 6%, según la investigaciónProductividad y empleoelaborada por la Universidad de Zaragoza.
  • Los españoles salen una media de dos horas más tarde del trabajo que el resto de europeos, concluye un estudio de la Comisión Nacional de Horarios.
  • El salario emocional hace referencia a la percepción que tiene el trabajador con respecto a su empresa. Si esta le cuida, será mayor. La flexibilidad y la conciliación aumentan ese salario emocional. Las compañías que aplican este tipo de políticas aumentan su productividad un 19%, según el Barómetro de Conciliación Edenred-IESE 2012.Además, los empleados se sienten cuatro veces más comprometidos con la empresa y con su trabajo.
  • Debido a la crisis, las empresas han recortado el presupuesto dedicado a conciliación; se aprecia una reducción de hasta un 40% de las inversiones, según datos del observatorio demográfico y consultoría PeopleMatters.

“Por la mañana, llegas con otra mentalidad”, cuenta Teresa Roch, de 31 años y que trabaja en el departamento de recursos humanos. Tras un tiempo trabajando en Escocia, entró en Iberdrola en julio de 2013. “En Glasgow llegaba a la oficina y no paraba hasta la hora de comer. Muchos compañeros lo hacían delante del ordenador y aprovechaban para mirar el correo, el periódico… Después de la hora de salida nadie se quedaba haciendo horas extra”, recuerda. En España, es diferente: se llega, se saluda, se lee el periódico, se toma un café con algún compañero y se sale más tarde. “Hay que llenar las horas, porque nadie es capaz de estar diez horas produciendo”, añade Roch, que entró en la compañía con el horario intensivo ya instaurado. “Por eso se buscan distracciones”.

Paz Montes, de 47 años, en el departamento de suministro, vivió el cambio. Una década después de comenzar a trabajar en la eléctrica asistió a la reforma del convenio colectivo. “La propuesta fue de la empresa”, recuerda. “Se vivió con cierto escepticismo. Pensábamos que pretendían eliminar el formato intensivo de verano. Cuando nos dijeron que su propósito era extenderlo, fue una sorpresa”. Pero no por ser grata, la medida se iba a librar de las críticas. Primero, las de los sindicatos: se quejaban de que esta propuesta implicaba un aumento anual de 15 horas laborales. Luego, las de algunos directivos, que tenían miedo de salir del despacho y que no hubiera nadie; una especie de fobia a la oficina solitaria. Y por último, las de algunos trabajadores que no sabían cómo gestionar un tiempo al que no estaban acostumbrados.

“Un empleado que está más contento rinde más”, dice un responsable

“Cuando llevas 30 años con un tipo de horario, cuesta”, apunta Castresana. “Es un cambio de cultura laboral importante”. “¿Puedo no hacer la jornada intensiva?”, llegó a plantear algún empleado. Pilates, natación, inglés… Al poco de concentrar el trabajo, en los pasillos se comenzó a hablar de actividades extralaborales. “No sé si alguien se llegó a apuntar a alguna”, bromea Montes. Al poco, nadie quería ni oír hablar de pasar la tarde frente al ordenador. “La adaptación fue fantástica”, dice el director de recursos humanos. “Y no generó ningún tipo de coste para la empresa”. “Los empleados se han concienciado de que tienen que aprovechar bien el tiempo para sacar el trabajo y salir a su hora”, añade. “Evitan interrupciones y concentran el esfuerzo. El resultado: la productividad es mayor”.

Ramón Castresana, director de recursos humanos, y las empleadas Paz Montes y Teresa Roch. / SAMUEL SÁNCHEZ

Nuestra vida está marcada por el tiempo. Además del horario laboral, que articula el día, nos marca el ritmo vital la manera en la que organizamos nuestro tiempo libre (horario personal) así como el horario de la sociedad: aquellas horas en las que se puede comprar, ir al cine o cenar en un restaurante. “En España, al tener más horas de luz y la posibilidad de realizar actividades casi a cualquier hora, la gente no tiene tanta prisa por irse a su casa”, opina Castresana. “Se trata de un modelo muy arraigado; la sociedad está acostumbrada a horarios muy largos. Por eso, pasamos muchas horas en la oficina y no siempre trabajando”. Es común calentar la silla: llegar antes que el jefe y marcharse después. Ocho de cada diez trabajadores dijo trabajar horas de más en 2012, según un estudio de la empresa de recursos humanos Randstad. Y el 76% de los que alargaban su jornada reconocía no hacerlo por carga laboral sino por puropresentismo. “A nosotros nos ha cambiado la mentalidad”, apunta Roch. “Si cumplimos, podemos irnos pronto”.

“Cambiar el horario cuesta al principio”, admiten desde recursos humanos

Casi la única queja que se puede sonsacar a los empleados en relación con el horario es que algún día su salida se retrasa. “Cuando acabas a las seis de la tarde, si algo se complica, las probabilidades de salir a las ocho son elevadas”, dice Montes. “En cambio, si tu jornada acaba a las tres, aunque te alargues sigues saliendo pronto. Desde que hicimos el cambio, puedo contar con los dedos de la mano las veces que me he quedado hasta tarde. Saber que dispones de tiempo para ti te da un cambio de perspectiva. Vengo a trabajar más contenta y más tranquila”. “Si los empleados están más contentos, sin darse cuenta trabajan más”, añade Castresana. Desde Rational Time, consultora sobre la organización del tiempo, lo corroboran: “Una mala gestión de los horarios laborales y la carencia de medidas de flexibilidad puede acarrear un impacto negativo importante en las empresas”.

Ocho de cada diez trabajadores en España alargaron la jornada en 2012

“Conciliar es armonizar tu vida profesional con la personal”, dice Montes. Es madre de dos hijos. El primero lo tuvo con el horario habitual; el segundo, tras el cambio. “A nivel de estrés, al segundo casi ni lo noté”, recuerda. “No tenía que hacer malabares con el tiempo”. Al igual que algunos de sus compañeros, ella come en la oficina y sale un poco más tarde. “Nos permiten adaptar el horario a nuestra vida”, dice. Los trabajadores controlan su tiempo, y eso les da sensación de libertad.“Notamos la envidia de la gente”, dice con sobreactuada seriedad Teresa Roch. Opina que este modelo debería extenderse al resto de empresas: “Creo que mucha gente trabajaría mejor así”. Varias compañías han pedido información sobre las medidas que se han aplicado en la eléctrica. “En 2015 vamos a firmar el nuevo convenio y no tenemos ninguna duda: nuestro compromiso sigue adelante”, asegura Castresana. “Creo que las nuevas generaciones de trabajadores acabarán presionando para que se promuevan acuerdos semejantes y esto se generalice”, concluye. Va siendo hora de despedirse. Llevan mucho tiempo fuera de su puesto de trabajo. A todos les queda alguna tarea pendiente. Y todos quieren irse a las tres de la tarde.

¿Cuánta liquidez necesito?

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Cristian Burgos C. y Paulo Herrera M.

 

Es una de las preguntas claves de la planificación financiera: ¿qué porción de mi patrimonio debe permanecer anclado en instrumentos líquidos?

Sin embargo, esta cuestión es frecuentemente ignorada, pues tiende a perderse en el bombardeo diario de mensajes que  nos invitan a consumir – con o sin liquidez disponible – o a colocar dinero en inversiones, sin que, para lo uno o para lo otro, medie una estrategia coherente con nuestros objetivos de vida.

La verdad es que – más que el consumo y que, incluso, las inversiones – la liquidez es el cimiento de toda estrategia y de todo bienestar material. No es el fin, pero es el comienzo de la prosperidad.  Y, si decisiones o circunstancias nos han alejado de ella, a ella debemos volver para recomponernos y continuar.  Y, si la tenemos, debemos protegerla, procurando que el crecimiento del patrimonio – meta válida donde las hay – no la atropelle, pues quien atropella su liquidez atropella su bienestar.

Entonces, ¿cuánta liquidez necesito?  Por lo menos, debo crear tres “bolsones” líquidos.  El primero es un fondo de contingencia que pueda cubrir tres o cuatro meses de costos básicos de la comunidad.  El segundo bolsón permitirá manejar mi movimiento financiero ordinario sin necesidad de acudir al financiamiento de corto plazo.

En el tercer bolsón de efectivo iré colocando mis excedentes para construir un capital que podrá, oportunamente, convertirse en inversión de crecimiento, sin que para ello tenga que utilizar los otros dos bolsones de liquidez.

 

A mayor riesgo, mayor liquidez

Nuestro perfil de riesgo determina la liquidez que debemos manejar.  Y los riesgos deben evaluarse con los ojos bien abiertos.  Cualquier situación de salud – explícita o latente – que afecte la comunidad, implicará una mayor proporción de liquidez en el portafolio.  Igual si los ingresos son variables porque dependen, por ejemplo, de un emprendimiento.  En cualquier caso, más riesgo requerirá siempre más efectivo a mano.