Cuando la familia ahoga

La familia está para lo bueno y lo malo, puede ser paraíso o infierno

Cuando se instala en el conflicto y el chantaje emocional llega a ahogar la capacidad de crecer

Somos, en parte, el resultado de un sinfín de cruces parentales que depositaron en nosotros su legado, no solo patrimonial. La mayoría de las personas que sufren algún tipo de dolor anímico encuentran las causas del mismo remontándose a los años de convivencia familiar o, como ahora sabemos, a códigos inscritos en su árbol genealógico.

Culturalmente hemos elevado a la familia al paradigma del bienestar afectivo, la base del sustento de un país e incluso como un sacrosanto mandamiento divino. ¿Quién es el guapo que se atreve a poner en duda su valor? Y ahí aparece la paradoja: ¿cómo desentrañar sus perversiones cuando es el valor absoluto de una sociedad y la base afectiva de una persona? ¿Cómo formalizar la salida de una familia que puede estar maltratándonos, neurotizándonos o ahogándonos, si el vínculo de sangre es para toda la vida? No podemos ponernos en contra de la familia, pero ¿significa eso justificarla en todo?

El amor no es solo
un sentimiento, también
es un arte”
(Honoré de Balzac)

Nada más llegar a este mundo tenemos la tarea de encontrar la proximidad a un adulto con capacidad de cuidar y proteger. De ahí nace el apego. En el caso de no existir una respuesta satisfactoria, tendemos a desarrollar una estrategia secundaria: o bien se hiperactivará el apego (demanda de atención o lo que popularmente llamamos estar pegados a las faldas de la madre) o bien se desactivará (inhibición emocional). Nace así un estilo afectivo, una manera de amar y ser amados. Simplificándolo mucho, tenderemos a ser promotores de amor o, por lo contrario, mendigos afectivos que nos dejaremos querer, o huiremos asustados por miedo a perdernos en el otro.

La seguridad del vínculo tiene otra función mayor: permite explorar el entorno. Lo vemos a diario, cuando esos pequeñines alardean de sus primeros pinitos. El grado de confianza o desconfianza que tengamos ante la vida y los demás y nuestra autoestima tendrá mucho que ver con la fuerza de ese vínculo y sus dos condiciones: que sea estable y perdurable, basado en el afecto y el amor. Eso sí, nadie entiende lo mismo por afecto y por amor.

ILUSTRACIÓN DE ALBERTO VÁZQUEZ

LIBROS

– ‘Ámame para que me pueda ir’, de Jaume Soler y Mercè Conangla. RBA.

– ‘Apego y sexualidad’, de Javier Gómez Zapiain. Alianza Editorial.

– ‘Lo que nos pasa por dentro’, Eduard Punset. Ediciones Destino.

PELÍCULAS

– ‘La tormenta de hielo’, de Ang Lee. Fox Searchlight Pictures, 1997.

– ‘Gente corriente’, de Robert Redford. Paramount Pictures, 1980.

Ahora imaginemos a unos padres que, por miedo y exceso de control, mantengan a esa personita metida en una burbuja de protección. En lugar de reforzar su sistema de confianza, están depositando cantidades ingentes de miedos y fobias futuras. Del mismo modo, unos padres descuidados someterán a sus hijos a peligros innecesarios y situaciones estresantes que pueden acabar en traumas. O aquellos otros que, con la mejor de las intenciones, han colmado a sus hijos de todo lo que han querido, cuando lo han querido. Muchos se lamentan después de haber criado pequeños tiranos narcisistas. ¡Qué difícil saber lo que es más adecuado!

Mary Ainsworth, investigadora del apego a partir de la teoría incubada por John Bowlby, dio con la clave: la respuesta sensible. Consiste en la capacidad de los padres o cuidadores para comprender e interpretar adecuadamente las señales de demanda del bebé. Esa sensibilidad no es poca cosa, se convierte en un organizador psíquico en el desarrollo de la criatura, es decir, su arquitectura emocional (creencias y expectativas acerca de sí misma y de los demás). La respuesta sensible obedece a los modelos operativos de los padres, que dependen a su vez de la calidad de su propia historia afectiva. Muchos acaban haciendo a sus hijos lo mismo que les hicieron, anclando así valores morales que ya se expresan en los tres primeros años de vida.

Existe un gran acuerdo en resaltar la importancia de nuestros primeros años de vida: se construyen las paredes maestras de nuestra estructura psíquica. Nos condicionarán, sin duda, pero no nos determinarán. Como le gusta contar a Punset, llegamos al mundo con una colección determinada de interruptores y luego la vida se encarga de activar algunos y dejar en el olvido otros.

Son tus decisiones y
no el azar las que determinan el destino”

(Jean Nidetch)

En una familia puede existir esa respuesta sensible o puede que también esté condicionada por múltiples factores: la existencia de otros hermanos, el lugar que se ocupa entre ellos, o ser hijo único, o el encaje entre el trabajo y la familia, las modas, las relaciones en la escuela, una crisis económica que priorice la supervivencia. No se trata de culpar a nadie, sino de entender la construcción sensible de cada relación.

La arquitectura emocional, desarrollada en la etapa del apego, tendrá otras pruebas: la búsqueda de la propia identidad, el sentido de autoeficacia y el desarrollo de habilidades y talentos innatos. Por ahí nacen múltiples desencuentros, proyecciones de los propios padres y chantajes que ahogan el crecimiento personal. En lugar de apoyar, de ser una red de seguridad afectiva, la familia se convierte entonces en una pesadilla, en la siempre frustrante y airada combinación entre el amor y el odio, entre el rechazo y la sed de pertenencia, entre el abandono y la necesidad afectiva. Quizá por eso, Simone de Beauvoir exclamó que la familia es un nido de perversiones.

“No es la carne y la sangre, sino el
corazón, lo que nos
hace padres e hijos”

(Friedrich Schiller)

Según sean las dinámicas relacionales de sus miembros, la familia podrá crecer o destruirse. Podrá tener paz y equilibrio, guerra, resentimiento, dejadez, alegría, dulzura. Podrá ser paraíso o infierno. Puede existir una vinculación amorosa, o puede que se limite a gestionar intereses. Entre esos extremos andamos todos, proclamando una creencia que ya se ha convertido en universal: la familia es la familia. En su seno ocurre de todo, aunque no por ello deba justificarse todo.

Ahora que mucha gente vuelve a casa, es una buena ocasión para recomponer vínculos rotos, heridos o abandonados si los hay. Si solo sirve para pagar deudas, dar comida y un espacio donde dormir, olvidamos que su función es, sobre todo, crear vínculos afectivos y no ahogarlos. La familia es nuestra primera comunidad de acogida, y nadie obliga a quererla si no ha habido amor. Luego vendrá la familia escogida. Es ahí donde se empieza a forjar la respuesta sensible.

Articulo publicado en http://elpais.com/elpais/2013/04/18/eps/1366306454_427411.html

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Parejas de hoy, conferencia para la familia

2-SON-MAS-QUE-1-PAREJAS-DE-HOYComo regalo de agradecimiento por el Mes del Amor, el Club Suscriptores del periódico HOY realizará el próximo 26 de este mes, a las 4:00 de la tarde, la conferencia titulada “Parejas de Hoy”, dirigida a todos sus miembros.

Dicha conferencia tendrá con disertantes a las psicólogas Ana y Claudia Simó, la primera terapeuta sexual y la segunda, coach de familia, así como el experto en cultura y planificación de finanzas Christian Burgos, quienes visitaron la redacción de ¡Vivir! para hablar respecto de los temas que tratarán enfocados en la vida de parejas.

Según explicaron brevemente, en la conferencia, dedicada a la familia, brindarán importantes consejos sobre cómo lograr una relación equilibrada, tanto emocional como financieramente.

Dicha conferencia contará además con un show artístico y de humor a cargo de Frank Ceara y Carlos Sánchez, quienes durante y en los intermedios amenizarán la velada con sus canciones y chistes.

“Parejas de Hoy” está dirigida a todos los miembros del Club de Suscriptores, quienes pueden participar llamando al teléfono 809-565-5582 extensión 481. Durante seis horas los participantes tendrán la oportunidad de obtener interesantes conocimientos de las ponencias tituladas: “Las finanzas y la pareja”, a cargo del experto en Finanzas Christian Burgos; “El sexo y la pareja”, disertación a cargo de la psicóloga y terapeuta familia y de pareja Ana Simó, y “Los hijos, el trabajo y la pareja”, tema que tratará la psicóloga y “coach” familiar Claudia Simó.

Será una tarde-noche espectacular, ya que además de los conocimientos, música y chistes, los participantes disfrutarán de una exquisita cena motivada en el amor, preparada por el chef ejecutivo del hotel, Cristian Shinya, quien se propone agradar sus paladares. La actividad se desarrollará en el salón Las Américas A y B del hotel Crowne Plaza en la avenida George Washington (Malecón de Santo Domingo).

Temas a debatir en la conferencia. Burgos se enfocará en las herramientas y técnicas para vivir holgadamente, con los temas “dinero y pareja”.

Hablará sobre la importancia del ahorro y lo fundamental de dar prioridad a las necesidades elementales para vivir, tales como salud, alimentación y educación en una familia, y dejar las superfluas para un segundo lugar, hablará de asuntos como vivir de los ahorros y no de los ingresos… identificación de las prioridades, protocolo de bienestar…

Por su parte, la experta en sexualidad traerá una serie de consejos para llevar satisfactoriamente una relación de pareja basada tanto en el sexo como en la comprensión, la confianza y la libertad; cómo seguir siendo pareja cuando se está en una etapa de “sofocamiento”, cuando no se dice qué se quiere, qué gusta y qué no, tratará sobre la importancia de decir su estado de ánimo, “cómo me siento con tal o cual cosa”, cuando hay decepciones o desmotivación.

En tanto que la psicóloga y coach de vida y familia Claudia Simó tratará sobre el papel con los hijos y los padres. Cómo seguir siendo una buena pareja aún después que llegan los hijos, cómo criarlos para que sean hombres y mujeres de bien en el futuro, dejar de dirigirlos en base a “la cultura del allante”, forjarlos conscientes de la realidad existente de las cosas, no en base a una “envoltura”, enfocarlos en el ser, no en los recursos existentes; hablará sobre la organización y muchos otros aspectos de interés…